Economía

El turismo ya sostiene gran parte de la economía española, pero su éxito también preocupa

Hace 1 hora
El turismo ya sostiene gran parte de la economía española, pero su éxito también preocupa

Imagen: El País

El turismo, la hotelería y el ocio ya explican 12,6% del PIB español y casi 13% del empleo, un peso que consolida al sector como uno de los grandes motores del país. El problema es que el récord permanente también abre una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede crecer sin desgastar su propio éxito?

España sigue apoyando buena parte de su economía en un trípode que no deja de crecer: viajes, hospitalidad y ocio. Las 685.856 empresas vinculadas a esta industria ya representan el 12,6% del Producto Interior Bruto y sostienen casi el 13% del empleo, una dimensión que convierte al turismo en mucho más que una actividad estacional o un simple escaparate internacional. En la práctica, el sector se ha consolidado como uno de los principales motores económicos del país, con una capacidad de arrastre que toca desde la restauración y el transporte hasta el comercio local y buena parte del mercado laboral juvenil.

Las cifras, según informó El País, vuelven a marcar récords año tras año, y ese es precisamente el punto de partida del debate. El crecimiento sostenido del turismo español ya no se mide solo por la llegada de visitantes o por la ocupación hotelera, sino por su peso estructural en la economía. Cuando un sector alcanza semejante volumen, su impacto deja de ser coyuntural: influye en la inversión, en los salarios, en el precio de la vivienda en ciudades saturadas y en la forma en que se organizan territorios enteros alrededor de la demanda turística. Lo que para unos significa prosperidad, para otros empieza a sentirse como presión sobre servicios públicos, infraestructuras y calidad de vida.

Por eso la pregunta no es únicamente cuánto más puede crecer el turismo, sino qué tipo de crecimiento está construyendo España. Durante años, la industria ha sido presentada como la gran tabla de salvación frente al desempleo y a la debilidad de otros sectores productivos. Y en buena medida lo sigue siendo. Pero cuando casi uno de cada ocho euros del PIB depende de esta maquinaria, cualquier choque externo —desde una crisis energética hasta una desaceleración europea, pasando por tensiones geopolíticas o cambios en los hábitos de viaje— puede tener efectos inmediatos. El reto, entonces, no es celebrar cada nuevo récord como si fuera un triunfo automático, sino preguntarse si el país está diversificando lo suficiente para no quedar atado a un modelo que, aunque rentable, también exhibe señales de saturación.

El turismo español, en suma, ya no es solo una historia de éxito; es también una prueba de resistencia para la economía del país. El verdadero debate empieza ahora: cómo seguir aprovechando esa fortaleza sin convertirla en dependencia. Porque cuando un sector domina tanto, la pregunta no es si importa, sino cuánto riesgo concentra.

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