Colombia

Cartagena busca corregir su deuda con las periferias creando dos nuevas localidades

Hace 46 minutos

Cartagena se prepara para una reorganización territorial que podría cambiar la forma en que el Distrito administra sus periferias más rezagadas. El proyecto busca crear dos nuevas localidades y responder a décadas de abandono en Barú, La Boquilla, Pasacaballos y la zona insular.

Cartagena está a punto de dar un giro administrativo de alto impacto: el Distrito radicará un proyecto para crear dos nuevas localidades, Insular y Zona Norte, con la promesa de atender una deuda histórica de abandono estatal en zonas como Barú, La Boquilla, Pasacaballos y el archipiélago urbano que ha quedado al margen de la planeación central. La iniciativa no es menor. Si avanza, puede reordenar la manera en que se toman decisiones sobre inversión pública, servicios y representación política en territorios que durante años han reclamado presencia efectiva del Estado.

De acuerdo con información publicada por El Tiempo (Colombia), la propuesta busca descentralizar la administración de Cartagena para acercar la gestión pública a comunidades que han vivido durante décadas con déficits persistentes en infraestructura, movilidad, saneamiento y acceso a servicios básicos. En términos prácticos, la creación de las localidades permitiría diseñar respuestas más específicas para realidades que no son comparables con el centro urbano tradicional. Barú y la zona insular, por ejemplo, arrastran problemas asociados tanto al rezago histórico como a la presión turística; La Boquilla y Pasacaballos, por su parte, han sido escenarios donde el desarrollo económico no siempre se traduce en bienestar para sus habitantes.

El anuncio tiene implicaciones que van más allá de un simple cambio de mapa. Cartagena ha sido una ciudad marcada por fuertes desigualdades internas: un centro con mayor capacidad institucional y unos bordes donde el Estado suele llegar tarde, mal o de manera intermitente. Por eso, la creación de nuevas localidades puede leerse como un intento de corregir una falla estructural que no se resuelve solo con obras puntuales. La pregunta de fondo es si esta vez la reorganización vendrá acompañada de presupuesto, autonomía real y mecanismos de participación ciudadana, o si terminará convertida en una reforma administrativa sin músculo para transformar la vida cotidiana de quienes hoy sienten que la ciudad les da la espalda.

En una ciudad donde la riqueza turística convive con comunidades que todavía pelean por servicios elementales, esta iniciativa debería medirse por su capacidad de cerrar brechas y no solo por su valor simbólico. Si el proyecto logra aterrizarse con recursos, planificación y control, Cartagena podría empezar a corregir una de sus fracturas más visibles: la distancia entre el discurso de inclusión y la realidad cotidiana de sus periferias.

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