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Rusia intensifica la guerra aérea y Ucrania reporta 182 drones derribados

Hace 2 horas

Rusia volvió a golpear de noche el territorio ucraniano con una ofensiva masiva de drones y misiles que alcanzó decenas de ciudades. Kiev aseguró que interceptó la mayoría de los proyectiles, pero el ataque confirma que la guerra aérea sigue escalando.

Rusia ejecutó durante la noche un nuevo ataque de gran alcance contra Ucrania con drones y misiles que, según Kiev, se extendió sobre 50 ciudades y dejó a la defensiva a varias regiones del país. La Fuerza Aérea ucraniana informó que logró destruir tres misiles Kh-31P/Kh-59, seis municiones Banderol y 182 drones lanzados por Moscú, en una de las ofensivas más amplias reportadas en los últimos días. Aunque las autoridades no detallaron de inmediato el balance total de daños, el tamaño del operativo vuelve a mostrar que el Kremlin mantiene intacta su capacidad para saturar las defensas ucranianas y presionar simultáneamente distintos frentes del país.

De acuerdo con el reporte de la Fuerza Aérea de Kiev, la mayoría de los aparatos fueron neutralizados antes de alcanzar sus objetivos, un dato que Ucrania suele presentar como prueba de la eficacia de sus sistemas antiaéreos, aunque también deja ver el nivel de desgaste al que está sometida esa defensa. Los misiles Kh-31P y Kh-59, junto con las municiones Banderol, forman parte del arsenal ruso empleado para atacar infraestructura militar y objetivos estratégicos, mientras que los drones se han convertido en la herramienta preferida para agotar radares, misiles interceptores y personal de respuesta. En la práctica, este tipo de ataques no solo busca destruir instalaciones; también persigue imponer tensión constante sobre la población civil, que vive bajo la expectativa de sirenas, apagones y daños en viviendas e infraestructura crítica.

El episodio encaja en una tendencia que ya define buena parte de la guerra: Rusia combina volumen, diversidad de armamento y ataques nocturnos para complicar la reacción ucraniana y obligarla a dispersar recursos. Para Kiev, cada ofensiva de estas características tiene un costo doble. Por un lado, debe sostener la defensa aérea con armamento occidental, cuyo suministro no siempre llega al ritmo que exige el campo de batalla; por otro, debe reparar daños y mantener operativas ciudades, redes eléctricas y sistemas logísticos que son blanco permanente. En ese contexto, la pregunta no es solo cuántos drones fueron derribados, sino cuánta presión adicional puede absorber Ucrania sin que el desgaste termine afectando su capacidad militar y la vida cotidiana de millones de personas.

Más allá del parte oficial, el ataque deja una señal política clara: Moscú no muestra intención de reducir la intensidad de la guerra aérea y sigue apostando por operaciones de gran escala para marcar iniciativa. Para los ucranianos, esto significa otra noche de alerta y la certeza de que el frente no se limita a las trincheras del este, sino que se libra también sobre sus ciudades, sus hogares y su infraestructura. En una guerra que ya consume recursos, tiempo y resistencias, cada ofensiva aérea recuerda que el conflicto sigue abierto y que la población civil continúa pagando una parte central del costo.

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