La filtración en la UNAM desnuda la crisis de una escuela que sigue premiando la memoria

Imagen: BBC Mundo
La filtración de exámenes de admisión en la UNAM reavivó un debate de fondo: la escuela basada en memorizar ya no resiste la era de la inteligencia artificial. Para el pedagogo colombiano Julián de Zubiría, el escándalo debería acelerar una reforma que enseñe a pensar, no solo a repetir.
La filtración de exámenes de admisión en la UNAM no solo expuso una falla de seguridad académica: volvió a poner bajo la lupa un modelo educativo que durante décadas ha premiado la memoria por encima del razonamiento. Para el pedagogo colombiano Julián de Zubiría, el episodio confirma que insistir en pruebas centradas en repetir contenidos es cada vez menos sostenible en un mundo donde la inteligencia artificial puede resolver, copiar o manipular tareas que antes se consideraban una barrera legítima de ingreso a la universidad.
De Zubiría, quien ha dedicado buena parte de su carrera a criticar la enseñanza tradicional, sostiene que el problema no es únicamente quién filtró un examen o cómo se protegieron sus preguntas, sino qué mide realmente ese tipo de evaluación. Según explicó a BBC Mundo, la escuela sigue atrapada en una lógica heredada de otra época: estudiantes que memorizan, docentes que transmiten información y sistemas que califican la capacidad de retener datos, aun cuando ese conocimiento ya está disponible al instante en una pantalla. La irrupción de herramientas de IA, añade, hace todavía más evidente esa contradicción, porque debilita la idea de que memorizar sea sinónimo de aprender.
El caso de la UNAM importa mucho más allá de México. La universidad más grande de América Latina funciona como una referencia regional, y cualquier falla en sus procesos de admisión abre preguntas sobre el sentido de evaluar a miles de aspirantes con instrumentos diseñados para separar a quienes recuerdan más de quienes comprenden mejor. En la práctica, el escándalo se convierte en una alerta para sistemas educativos de toda la región, incluido el colombiano, donde persisten exámenes y currículos que todavía castigan la duda y premian la respuesta exacta. Si la inteligencia artificial ya puede ayudar a resolver ejercicios, redactar textos o sintetizar información, la educación tendrá que moverse hacia habilidades que las máquinas no sustituyen con facilidad: análisis, juicio crítico, creatividad y capacidad de resolver problemas reales.
La discusión, entonces, no debería quedarse en reforzar la vigilancia de los exámenes filtrados ni en perfeccionar controles administrativos. El fondo del asunto es más incómodo: si la escuela sigue formada para un mundo que ya no existe, la tecnología no hará más que revelar sus límites. El escándalo de la UNAM puede ser leído como una crisis, pero también como una oportunidad para abandonar de una vez por todas una pedagogía centrada en la memorización y construir otra que prepare a los estudiantes para pensar con autonomía en tiempos de algoritmos.



