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Puig vuelve al Parlament entre aplausos y gestos de carga simbólica

Hace 3 horas
Puig vuelve al Parlament entre aplausos y gestos de carga simbólica

Imagen: El País

Lluís Puig volvió al Parlament catalán y ocupó su escaño tras retirar el lazo amarillo, en una escena cargada de simbolismo político. Su regreso fue celebrado por la bancada independentista mientras Salvador Illa y la mayoría de sus consejeros evitaron el hemiciclo.

Lluís Puig regresó este martes al Parlament de Cataluña y tomó posesión de su escaño en una jornada marcada por el gesto político y la carga simbólica. El exconsejero, que retiró el lazo amarillo antes de sentarse, fue recibido con una ovación de la bancada independentista, en una imagen que deja claro que su vuelta no solo es institucional, sino también una reivindicación en plena disputa política catalana.

Según informó El País, Puig pronunció una frase que buscó proyectar continuidad y resistencia: su regreso no cierra una etapa, sino que mantiene abierta una causa política que sigue viva en el independentismo. La escena tuvo un peso particular porque el president Salvador Illa y la mayoría de sus consejeros estuvieron ausentes del hemiciclo, una decisión que también comunica distancia frente al acto y subraya la fractura que persiste en el Parlament entre el bloque independentista y el nuevo equilibrio institucional.

El gesto de quitarse el lazo amarillo no es menor. En Cataluña, ese símbolo ha condensado durante años la reclamación por los dirigentes implicados en el procés y ha funcionado como una marca de identidad política para una parte del soberanismo. Que Puig aparezca, ocupe su asiento y se desprenda de ese emblema antes de iniciar su actividad parlamentaria refuerza la idea de que el independentismo intenta reordenarse sin abandonar su memoria política ni su relato de resistencia. Al mismo tiempo, su presencia reabre el debate sobre la normalización institucional de figuras vinculadas al conflicto soberanista y sobre cuánto peso conserva hoy ese imaginario dentro del Parlament.

Más allá de la imagen del día, el episodio importa porque refleja el estado actual de la política catalana: menos épica que en los años más tensos del procés, pero todavía atravesada por símbolos, ausencias y mensajes calculados al milímetro. La ovación a Puig muestra que el independentismo sigue utilizando el Parlament como escenario de afirmación política; la ausencia del Ejecutivo de Illa, en cambio, apunta a una estrategia de contención y a una voluntad de no legitimar un relato que considera agotado. En ese choque de gestos se resume buena parte de la batalla política que sigue librándose en Cataluña, incluso cuando los focos parecen haberse movido a otros asuntos.

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