El fin de las ayudas al combustible amenaza con reactivar la inflación en otoño

Imagen: El País
La inflación en España volvió a repuntar en julio y lo hizo todavía con parte del escudo anticrisis vigente. Si el petróleo sigue encareciéndose y las ayudas a los carburantes desaparecen del todo, el otoño puede traer una nueva presión sobre los precios.
La inflación en España entra en una zona de riesgo justo cuando se acerca el final de las ayudas a los carburantes. El repunte del IPC registrado en julio, todavía con parte del decreto anticrisis en vigor, anticipa que el alivio para los consumidores puede durar poco: si el petróleo mantiene la escalada y desaparecen los apoyos públicos, el encarecimiento de la energía volverá a colarse en la cesta de la compra y en los costes de transporte, con un impacto que podría elevar la tasa general hasta en un punto durante el otoño.
El dato de julio no es menor porque refleja que la presión sobre los precios no se ha disipado del todo incluso con medidas excepcionales todavía activas. Es decir, el escudo del Gobierno ha contenido parte del golpe, pero no lo ha eliminado. La lectura económica es clara: cuando se retiren del todo las bonificaciones y descuentos vinculados a los carburantes, el efecto base jugará en contra y la inflación puede acelerar con más fuerza de la prevista, especialmente si la cotización internacional del crudo sigue tensionada por decisiones de producción, conflictos geopolíticos o una demanda global más resistente de lo esperado.
Esto importa porque el combustible no sube solo en la gasolinera. Su encarecimiento se traslada a casi toda la economía: el transporte de mercancías, la distribución alimentaria, la industria y buena parte de los servicios acaban absorbiendo ese mayor coste y lo repercuten después en el consumidor final. Para los hogares españoles, eso significa menos margen en un momento en que los salarios todavía no compensan del todo el encarecimiento acumulado de los últimos años. Y para el Banco Central Europeo, un repunte sostenido de la inflación complica el debate sobre tipos de interés, justo cuando la economía europea intenta evitar un frenazo más profundo.
El problema de fondo es que la retirada de ayudas llega en un contexto más frágil de lo que sugería el discurso oficial hace unos meses. El fin del verano suele marcar un cambio de ciclo en los precios, pero este año la combinación de petróleo caro, menor colchón fiscal y una inflación que aún no está completamente domesticada puede traducirse en un otoño incómodo para gobiernos, empresas y familias. Si la energía vuelve a tirar hacia arriba, la inflación dejará de ser una estadística de fondo para convertirse otra vez en una noticia que se nota, literalmente, en cada repostaje y en cada compra.



