El FMI estudia abrir una oficina en Venezuela en medio de un acercamiento gradual
El FMI y Venezuela avanzan en la posibilidad de abrir una oficina local, un paso que marcaría el regreso formal del organismo al país tras años de ruptura. Por ahora no hay pedido de financiamiento, pero sí una agenda técnica centrada en datos y administración económica.
El Fondo Monetario Internacional evalúa abrir una oficina en Venezuela, en una señal de acercamiento que podría reordenar la relación entre Caracas y el organismo tras casi dos décadas de distanciamiento. La novedad, confirmada por la vocera del FMI, Julie Kozack, llega en un momento en que el gobierno venezolano busca recomponer vínculos con instituciones multilaterales, aunque todavía sin pedir un programa de financiamiento.
Según explicó el organismo desde Washington, ambas partes discuten la posibilidad de establecer una presencia local para facilitar la cooperación técnica y el desarrollo de capacidades. Por ahora no hay calendario definido ni formato cerrado, pero el interés está puesto en áreas sensibles para cualquier intento de estabilización económica: estadísticas macroeconómicas, operaciones monetarias, mercado cambiario, tesorería y administración tributaria. Además, un equipo técnico del Fondo estuvo en Caracas entre finales de agosto y comienzos de septiembre para revisar prioridades y mejorar el flujo de información económica, en continuidad con otra visita previa del director del Departamento del Hemisferio Occidental, Nigel Chalk.
El movimiento no es menor. Venezuela salió del FMI en 2007 y desde entonces la relación con el organismo quedó congelada durante años, en paralelo al deterioro de su economía, la caída de la producción petrolera y una crisis social que empujó a millones de personas a migrar. El encuentro del 21 de septiembre entre Kristalina Georgieva y Delcy Rodríguez, al margen de la Asamblea General de la ONU, confirmó que ambas partes quieren normalizar el canal de diálogo. Pero el mensaje del FMI también fue prudente: no existe, al menos por ahora, una solicitud venezolana de fondos ni un programa de asistencia financiera sobre la mesa. Esa diferencia es clave, porque una oficina no equivale a un rescate, sino a una reanudación gradual de la vigilancia técnica y del intercambio de datos que el Fondo suele exigir antes de cualquier decisión mayor.
En términos políticos y económicos, este acercamiento puede tener impacto dentro y fuera de Venezuela. Para el país, contar con una representación del FMI facilitaría acceso a diagnósticos, estadísticas y eventualmente a una hoja de ruta para una eventual reinserción financiera internacional. Para la región, sería una señal de que Caracas intenta salir del aislamiento institucional, aunque todavía bajo fuertes interrogantes sobre transparencia, gobernabilidad y capacidad de reforma. Si el proceso avanza, la verdadera prueba no será abrir una oficina, sino ver si el gobierno venezolano está dispuesto a entregar datos confiables y asumir cambios de fondo en una economía todavía marcada por la desconfianza, la inflación y la fragilidad institucional.




