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Yemen vuelve a tensarse: el gobierno anuncia ofensiva y los hutíes golpean a Aramco

Hace 5 horas
Yemen vuelve a tensarse: el gobierno anuncia ofensiva y los hutíes golpean a Aramco

Imagen: El País

Yemen vuelve a escalar hacia una guerra más amplia: el gobierno reconocido internacionalmente anunció una ofensiva para recuperar zonas bajo control hutí mientras los rebeldes dijeron haber golpeado instalaciones de Aramco en Arabia Saudí. El pulso amenaza con reactivar una región ya castigada por años de conflicto.

El gobierno de Yemen anunció una ofensiva para intentar recuperar los territorios que permanecen en manos de los hutíes, en un movimiento que reabre la posibilidad de una nueva escalada militar en uno de los conflictos más devastadores y prolongados del mundo árabe. La decisión llega en paralelo a una nueva demostración de fuerza de los rebeldes, que dijeron haber lanzado misiles y drones contra instalaciones de la petrolera Aramco en Arabia Saudí, una señal de que la guerra yemení sigue desbordando sus fronteras y golpeando directamente el corazón energético de la región.

De acuerdo con la información difundida por El País, el anuncio del Ejecutivo yemení busca retomar el control de áreas estratégicas que hoy están bajo dominio insurgente, en medio de una guerra que ha fragmentado al país y debilitado durante años a las instituciones estatales. Del lado hutí, la reivindicación del ataque contra Aramco encaja con una estrategia conocida: combinar presión militar interna con capacidad de proyección hacia el exterior, especialmente sobre Arabia Saudí y los corredores de energía del Golfo. Aunque no se detalló de inmediato el alcance real de los daños, este tipo de operaciones suele tener un efecto político mayor que militar, porque eleva la tensión, altera la percepción de seguridad y empuja a los mercados a mirar con atención cualquier amenaza sobre infraestructura petrolera.

El momento no es casual. Yemen lleva más de una década atrapado en una guerra que, nacida como lucha por el poder, terminó convertida en un conflicto regional por delegación, con Arabia Saudí, Irán y otros actores moviendo fichas en un tablero que ha dejado a la población civil como principal víctima. Para la gente común, la palabra “ofensiva” no significa victoria ni avance, sino más desplazamiento, más ruptura de servicios básicos y más riesgo de que la ya frágil economía se deteriore todavía más. Y para Washington, Riad y los países vecinos, cada ataque con drones o misiles confirma que la crisis yemení no está contenida: sigue siendo una fuente de inestabilidad para la seguridad regional y para el comercio global de energía.

Lo que ocurra ahora dependerá de si esta ofensiva se traduce en una campaña sostenida o en una nueva ronda de anuncios y contraataques que termine reforzando el estancamiento. Pero el dato de fondo es claro: mientras los hutíes mantengan capacidad para golpear fuera de sus fronteras y el gobierno yemení apueste por recuperar terreno por la vía militar, la paz seguirá lejos. Yemen continúa siendo el ejemplo más crudo de cómo una guerra local puede transformarse en una amenaza regional con consecuencias humanitarias y geopolíticas de largo alcance.

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