El Gobierno reabre la renovación de RedIRIS y vuelve a medir el riesgo Huawei

Imagen: El País
El Gobierno español ha movido ficha para renovar RedIRIS, la red que sostiene buena parte de la conectividad académica y científica del país, un año después de tumbar el contrato que abrió la puerta a Huawei. La nueva consulta busca redefinir la arquitectura del servicio también para usos vinculados a defensa.
El Gobierno ha reactivado la renovación de RedIRIS, la red pública que conecta universidades, centros de investigación y organismos estatales, con una consulta al mercado impulsada por Red.es para rediseñar su arquitectura. El movimiento llega un año después de la cancelación del contrato que había desatado la polémica por la posible participación de Huawei y que terminó convertido en un problema político y de seguridad nacional para el Ejecutivo español.
Según informó El País, la nueva consulta no se limita a actualizar una infraestructura tecnológica envejecida, sino que apunta a redefinir el modelo completo del servicio, con especial atención a su uso en el ámbito académico y en tareas vinculadas a defensa. Esa doble dimensión explica por qué este expediente ha pasado de ser un asunto técnico a un tema de primera línea política: RedIRIS no es solo una red de datos, sino un activo estratégico para la investigación, la administración pública y las comunicaciones sensibles del Estado.
El precedente importa. El contrato anterior se anuló en medio de fuertes dudas sobre el riesgo de depender de proveedores considerados sensibles por varios gobiernos occidentales, en un contexto global marcado por el endurecimiento de los controles sobre infraestructuras críticas y por la creciente desconfianza hacia tecnologías chinas en sectores estratégicos. España, que durante años ha intentado equilibrar la modernización de sus redes con la presión de sus aliados europeos y atlánticos, vuelve ahora a empezar el proceso, pero esta vez con más cautela y con un perímetro político mucho más estrecho. La consulta al mercado, en apariencia una herramienta administrativa, funciona en este caso como una señal: el Gobierno quiere medir opciones antes de volver a comprometerse con un proveedor o un diseño que pueda generar otro incendio institucional.
Para la comunidad universitaria y científica, la renovación de RedIRIS no es un asunto abstracto. De esa red dependen enlaces de alto rendimiento, intercambio de datos, proyectos de investigación y acceso a servicios que sostienen parte de la producción académica del país. Y para el Estado, el reto es todavía mayor: modernizar sin abrir flancos de seguridad, reducir dependencia tecnológica y evitar que una decisión sobre infraestructura termine convertida otra vez en un caso de alto costo político. En un momento en que Europa discute con más dureza quién controla sus datos y por dónde viajan sus comunicaciones, el nuevo rediseño de RedIRIS será una prueba de hasta qué punto España está dispuesta a blindar su soberanía digital sin frenar la modernización de sus redes.




