Economía

El Gobierno aplaza el refuerzo del registro horario y enfría la presión sindical

Hace 3 horas
El Gobierno aplaza el refuerzo del registro horario y enfría la presión sindical

Imagen: El País

El Gobierno español aplaza hasta septiembre la aprobación del refuerzo del registro horario, pese a la presión de CC OO y UGT. Trabajo y Economía han decidido posponer su trámite en el Consejo de Ministros, aunque prometen retomarlo tras el verano.

El Gobierno ha decidido retrasar hasta septiembre la aprobación del refuerzo del registro horario, una medida clave para endurecer el control de la jornada laboral y atajar horas extra no pagadas. La decisión llega pese al ultimátum lanzado por CC OO y UGT, que exigían mover ficha antes del parón de agosto y habían convertido este asunto en una prueba de credibilidad para el Ejecutivo en materia laboral.

Según informó El País, los ministerios de Trabajo y de Economía han pactado llevar el expediente al Consejo de Ministros a la vuelta del verano, en un calendario más tardío que el reclamado por los sindicatos. El retraso confirma que, aunque existe consenso político sobre la necesidad de reforzar la trazabilidad de las horas trabajadas, persisten fricciones internas sobre el momento y, previsiblemente, sobre el alcance práctico de la medida. En la práctica, eso significa que millones de trabajadores seguirán, por ahora, dependiendo de un sistema de control horario que en muchos sectores ha demostrado ser fácil de maquillar o directamente incumplir.

La importancia de este aplazamiento va más allá del trámite administrativo. El registro horario se ha convertido en una de las herramientas centrales para combatir una realidad extendida en España: jornadas más largas de lo pactado, exceso de flexibilidad para las empresas y una fiscalización laboral insuficiente para detectar abusos. Para los sindicatos, no se trata de una cuestión técnica sino de salarios, conciliación y salud laboral; para el Ejecutivo, en cambio, también es una prueba de capacidad para transformar anuncios en normas efectivas. Cada mes de demora prolonga un vacío que favorece a quien incumple y deja a los trabajadores con menos defensa frente a la presión de hacer horas de más sin compensación.

El desenlace de septiembre dirá si el Gobierno quiere convertir esta promesa en una reforma real o si el refuerzo del control horario vuelve a quedar atrapado entre negociaciones, calendarios y equilibrios internos. En un país donde el fraude en las horas trabajadas sigue siendo una queja recurrente, retrasar la medida no es neutro: es seguir dejando intacto un problema que afecta directamente al bolsillo y al tiempo de vida de miles de personas.

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