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Venezuela supera los 4.300 muertos tras el terremoto y mantiene en reserva a los desaparecidos

Hace 4 horas

Venezuela elevó a más de 4.300 la cifra de muertos tras el doble terremoto del 24 de junio, en una tragedia que sigue dejando cuerpos sin identificar. El gobierno admite que aún hay búsqueda activa en uno o dos puntos, pero evita divulgar el número de desaparecidos.

La tragedia provocada por el doble terremoto del 24 de junio en Venezuela ya dejó más de 4.300 fallecidos, una cifra que confirma la magnitud de una emergencia que sigue abierta y que todavía tiene a cientos de familias sin respuestas. Según informó Clarín Colombia, el gobierno venezolano también reconoció que 315 cuerpos permanecen sin identificar, un dato que revela que el saldo humano del desastre sigue lejos de estar cerrado.

Jorge Rodríguez, una de las principales voces del oficialismo en la atención de la crisis, sostuvo que aún existen uno o dos puntos donde continúan las labores de búsqueda de vida. Ese detalle es clave: significa que, aun cuando el grueso de la emergencia parece concentrado en la recuperación de víctimas y en la identificación de los fallecidos, las autoridades no dan por terminado el operativo. Sin embargo, el Ejecutivo decidió no publicar el número de desaparecidos, una omisión que abre interrogantes sobre el registro real de personas cuyo paradero sigue sin esclarecerse.

La decisión de no difundir esa cifra no es menor. En desastres de esta escala, el conteo de desaparecidos suele ser uno de los indicadores más sensibles para medir la dimensión total de la tragedia, porque marca la diferencia entre un balance provisional y uno definitivo. En países con instituciones golpeadas, como ocurre en Venezuela, estas cifras adquieren además una carga política: no solo informan sobre el desastre natural, sino también sobre la capacidad del Estado para responder con transparencia, coordinar rescates y sostener una comunicación creíble frente a la población. Para miles de familias, la falta de un número claro no es un tecnicismo; es la señal de que la espera sigue y de que no hay cierre posible mientras no aparezcan sus seres queridos o se confirme su destino.

Más allá del dato puntual, el caso vuelve a exponer una realidad que atraviesa a Venezuela desde hace años: la fragilidad institucional frente a emergencias de gran escala. Cuando un gobierno administra de forma limitada la información sobre muertos, desaparecidos y labores de rescate, la desconfianza crece al mismo ritmo que el dolor. Y aunque la búsqueda activa continúe en algunos sectores, la pregunta de fondo ya no es solo cuántos murieron, sino cuántos siguen faltando en un país que intenta contar sus muertos mientras todavía no logra cerrar la herida.

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