Terremoto golpea a los adultos mayores y expone una alerta humanitaria en Colombia
Imagen: El Tiempo (Colombia)
El sismo de magnitud 7,4 dejó al descubierto una fragilidad silenciosa en Colombia: la atención de miles de adultos mayores. Ancianatos y centros de cuidado en Cali, Manizales, Pereira y Dosquebradas quedaron con graves daños y ahora enfrentan una urgencia humanitaria.
El terremoto de magnitud 7,4 no solo sacudió edificios y vías en varias ciudades del país: también golpeó de frente a uno de los grupos más vulnerables, los adultos mayores. En Cali, Manizales, Pereira y Dosquebradas, ancianatos y centros de atención resultaron seriamente afectados, encendiendo las alarmas sobre la capacidad real de respuesta para proteger a quienes dependen por completo de estos espacios para vivir con dignidad y seguridad.
La situación es especialmente delicada porque estos lugares no funcionan como simples albergues. Son, en la práctica, el hogar de personas con movilidad reducida, enfermedades crónicas o altos niveles de dependencia, y cualquier daño estructural, interrupción de servicios básicos o evacuación improvisada puede convertirse en una emergencia dentro de la emergencia. Según informó El Tiempo (Colombia), varios de estos centros quedaron con afectaciones graves tras el sismo, lo que obliga a revisar de inmediato las condiciones de habitabilidad, la disponibilidad de personal, la atención médica y los protocolos de traslado. En ciudades como Cali, Manizales, Pereira y Dosquebradas, el reto no es solo reparar infraestructura: es evitar que la respuesta institucional llegue tarde.
Este episodio vuelve a poner sobre la mesa una deuda histórica del país con su población envejecida. Colombia atraviesa un proceso acelerado de envejecimiento, pero sus sistemas de atención, supervisión y emergencia todavía no parecen dimensionar el riesgo que representa un evento sísmico para quienes viven en instituciones de cuidado. La pregunta no es únicamente cuántos inmuebles quedaron dañados, sino cuántos adultos mayores podían quedar expuestos a desabastecimiento, aislamiento o deterioro de su salud por horas o días. En un país donde muchas familias dependen de estos centros para garantizar atención continua, el terremoto deja una advertencia incómoda: la protección de la vejez sigue siendo una tarea incompleta.
Lo que ocurra en las próximas horas y días será determinante. Si las autoridades territoriales y nacionales no logran responder con rapidez, el daño material puede transformarse en una crisis social y humanitaria de mayores proporciones. Y aunque el sismo ya pasó, su impacto sobre los adultos mayores apenas comienza a medirse, precisamente en los lugares donde el país debería ofrecer más cuidado y menos improvisación.




