Hezbollah desafía el acuerdo con EE.UU., Israel y Líbano y tensiona al gobierno libanés
Imagen: infobae mundo
Hezbollah rechazó el acuerdo firmado por Estados Unidos, Israel y Líbano y lo convirtió en un nuevo foco de tensión en Medio Oriente. Naim Qassem acusó al gobierno libanés de cometer un “grave error” al avalar un pacto que incluye el desarme de la organización.
Hezbollah respondió con dureza al acuerdo firmado por Estados Unidos, Israel y Líbano y dejó claro que no piensa aceptar, al menos políticamente, una hoja de ruta que apunte a su desarme. Naim Qassem, líder del grupo, acusó al gobierno libanés de haber cometido un error grave al respaldar un pacto que, según el esquema divulgado, pone en el centro una exigencia histórica: reducir o eliminar la capacidad armada de la organización extremista. La reacción no es menor. En un Líbano atravesado por crisis económica, fracturas institucionales y una frontera permanentemente sensible con Israel, cualquier discusión sobre el futuro de Hezbollah toca una fibra de seguridad nacional, pero también de supervivencia política interna.
De acuerdo con lo informado por infobae mundo, el rechazo fue formulado por Qassem como una advertencia directa al Ejecutivo libanés, al que responsabilizó de abrir la puerta a una decisión que el grupo considera inaceptable. En términos prácticos, el desarme de Hezbollah es uno de los asuntos más explosivos de la política libanesa desde hace años. La organización no solo actúa como fuerza armada, sino que también conserva influencia social, territorial y parlamentaria, lo que le permite operar como actor militar y político al mismo tiempo. Por eso, cuando un acuerdo internacional incorpora su desarme, el debate deja de ser técnico y se convierte en una disputa por el control real del país. Para Washington y Tel Aviv, la apuesta es evidente: limitar la capacidad militar de un grupo que consideran una amenaza directa. Para Beirut, en cambio, aceptar ese marco puede significar asumir un costo interno altísimo.
El trasfondo ayuda a entender por qué la reacción de Hezbollah era previsible, aunque no por eso menos significativa. Desde hace años, el grupo ha defendido que su arsenal es una herramienta de disuasión frente a Israel, mientras sus críticos sostienen que esa misma estructura armada debilita la soberanía del Estado libanés y arrastra al país a una lógica de confrontación permanente. El problema es que cada intento de ordenar esa relación termina chocando con el mismo muro: sin garantías de seguridad y sin una correlación de fuerzas favorable, pedirle a Hezbollah que se desarme equivale a exigirle que renuncie a la principal fuente de poder que conserva. En el plano regional, además, el episodio vuelve a mostrar que Estados Unidos intenta seguir moldeando el equilibrio de Medio Oriente a través de acuerdos con actores estatales, incluso cuando en el terreno hay fuerzas no estatales con capacidad de veto.
Para la población libanesa, que ya vive entre inflación, inestabilidad y un Estado debilitado, la disputa tiene consecuencias concretas. Cada escalada verbal acerca más el riesgo de una crisis política interna y, eventualmente, de nuevos choques en un país donde la paz siempre ha sido frágil. El acuerdo puede leerse como un esfuerzo diplomático para imponer límites a Hezbollah; también, como una prueba de hasta dónde están dispuestos a llegar el gobierno libanés y sus aliados antes de enfrentar una respuesta que, por ahora, ya comenzó en el terreno político.




