Mundo

El Guggenheim lleva el fútbol al museo y convierte a Zidane en una experiencia inmersiva

Hace 2 horas

El Guggenheim apuesta por romper la frontera entre cultura alta y cultura popular: convirtió su restaurante en una especie de estadio e instaló una proyección de Zinedine Zidane captada por 17 cámaras. La jugada busca atraer a fanáticos del arte y del fútbol en Nueva York.

El Museo Guggenheim de Nueva York decidió correr el eje de su programación habitual y llevar el fútbol al centro de una experiencia artística que, por diseño, busca ser tan social como visual. Según informó infobae mundo, el museo transformó su restaurante en un espacio con atmósfera de estadio y proyecta a Zinedine Zidane a través de una pieza audiovisual registrada con 17 cámaras, una operación que mezcla espectáculo, memoria deportiva y lenguaje museográfico para captar a públicos que, en teoría, no siempre coinciden bajo el mismo techo.

La propuesta no es un simple guiño a la cultura popular. El museo está usando su propia infraestructura para construir una vivencia inmersiva, en la que el visitante no solo observa una obra, sino que entra en una dinámica que remite a la tribuna, al ritual colectivo y al fanatismo. La presencia de Zidane funciona como ancla simbólica: una figura que trasciende el fútbol y se convierte en icono global, capaz de conectar con audiencias diversas por su peso cultural, mediático y emocional. En ese cruce entre imagen, deporte y arquitectura, el Guggenheim refuerza una idea que varios museos vienen explorando hace años: competir por atención en una ciudad saturada de estímulos exige también reimaginar la experiencia del público.

Este gesto importa porque dice mucho sobre el momento cultural de Nueva York y sobre la forma en que las instituciones artísticas intentan sobrevivir y expandirse en un ecosistema cada vez más fragmentado. El fútbol, históricamente menos dominante que el béisbol, el baloncesto o el americano en Estados Unidos, ha ganado terreno en la conversación pública, impulsado por comunidades migrantes, nuevas generaciones y la cercanía de grandes eventos internacionales. En ese contexto, el Guggenheim parece leer bien la época: no le habla solo al visitante tradicional del museo, sino también a quienes llegan desde la pasión deportiva y podrían descubrir, en ese puente, una nueva forma de acercarse al arte. Para una ciudad como Nueva York, donde las identidades se superponen sin pedir permiso, la combinación entre museo y estadio no es una rareza; es casi una radiografía de cómo se consume cultura hoy.

La apuesta, además, abre una discusión más amplia sobre el papel de los museos en tiempos de audiencias dispersas. Ya no basta con colgar obras y esperar contemplación silenciosa: las instituciones compiten con pantallas, redes sociales y experiencias en vivo que exigen participación. Al convertir su restaurante en un espacio de encuentro y al integrar una figura como Zidane en una narrativa audiovisual sofisticada, el Guggenheim intenta demostrar que el arte también puede ser vibrante, multitudinario y popular sin renunciar a su ambición estética. En esa tensión se juega buena parte del futuro de los museos: si logran tender puentes con nuevos públicos, o si se quedan hablando solo para los mismos de siempre.

Noticias relacionadas