IDU responde por los trancones en Bogotá y aclara qué pasará con los semáforos temporales

Imagen: infobae colombia
El IDU salió a explicar la polémica por los trancones y fallas de movilidad en Bogotá alrededor del nuevo megapuente. La entidad aseguró que los semáforos temporales instalados en la zona se retirarán cuando el intercambiador de la Autopista Sur quede completamente habilitado.
La discusión por la movilidad en Bogotá volvió a encenderse tras las quejas por el nuevo megapuente y el mal funcionamiento de los semáforos temporales instalados en la zona. En respuesta a la polémica, el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) explicó que estos dispositivos no son definitivos y que serán desmontados apenas el intercambiador de la Autopista Sur entre en operación total, una vez finalicen las obras del deprimido y el flujo vehicular se estabilice.
Según informó Infobae Colombia, la entidad de obras urbanas sostuvo que se trata de una medida transitoria para ordenar el tránsito mientras se termina la intervención. Son cuatro semáforos temporales, instalados precisamente para manejar el impacto de la obra sobre una de las arterias más sensibles de la ciudad, donde cualquier retraso o mala coordinación se traduce de inmediato en más congestión, más tiempos de viaje y más presión sobre una movilidad ya castigada por el tráfico crónico de Bogotá.
El punto de fondo no es solo si los semáforos funcionan o no, sino lo que revelan sobre la forma en que la capital administra sus grandes obras: cada intervención vial promete alivios futuros, pero en el corto plazo suele trasladar el costo a conductores, pasajeros y transporte de carga que dependen de estos corredores para trabajar y moverse. En una ciudad donde millones de personas se mueven a diario entre el sur y el centro, cualquier falla en la coordinación del tránsito golpea directamente la productividad, el transporte público y la paciencia ciudadana.
Lo que ocurre alrededor de este megapuente es, en el fondo, una radiografía de Bogotá: una ciudad que necesita infraestructura nueva, pero que paga un precio alto cada vez que la construye. El IDU insiste en que la solución es temporal y que la normalidad llegará cuando el intercambiador opere al ciento por ciento; sin embargo, mientras eso sucede, la pregunta de fondo sigue abierta: ¿cuántas obras más puede soportar la ciudad sin que la promesa de modernización se convierta, otra vez, en una pesadilla de movilidad?



