Un juez lleva a la alcaldesa de Alcalá al banquillo por una presunta filtración de denuncias sexuales

Imagen: El País
Un juez ha propuesto llevar a juicio a la alcaldesa de Alcalá de Henares, Judith Piquet, por la presunta filtración de denuncias de agresiones sexuales. El auto apunta a que el caso pudo usarse para proteger políticamente a la presidenta regional y escalar el asunto hasta Madrid.
Un juez ha dado un paso decisivo contra la alcaldesa de Alcalá de Henares, Judith Piquet, al proponer que sea juzgada por la presunta filtración de denuncias de agresiones sexuales vinculadas a un caso que, según la investigación, habría sido aprovechado con fines políticos. La clave del auto no es solo la posible revelación de información sensible, sino la lectura que hace el magistrado sobre el objetivo de esa maniobra: proteger a la presidenta de la Comunidad de Madrid y trasladar el conflicto al terreno político regional, algo que agrava la dimensión del escándalo.
De acuerdo con el auto judicial citado por El País, la frase que recoge la investigación —“hay que salvar a la presidenta, hay que salvar a la jefa y hay que trasladar esto a Madrid”— dibuja una hipótesis inquietante: que la difusión de las denuncias no respondió a una necesidad institucional ni a un deber de transparencia, sino a una estrategia para blindar a la dirección política del PP madrileño y desplazar la presión hacia la capital. En términos judiciales, eso coloca el caso en el terreno de la posible vulneración de la confidencialidad de unas víctimas, con el añadido de que la filtración habría tenido un claro componente partidista.
El caso importa por varias razones. Primero, porque vuelve a poner sobre la mesa una de las discusiones más delicadas en democracia: hasta dónde puede llegar la batalla política cuando entra en contacto con denuncias por violencia sexual, un ámbito que exige máxima reserva y protección a las víctimas. Segundo, porque si el juez termina abriendo juicio, el golpe no será solo para Piquet, sino para el entorno político que aparece mencionado en la investigación, en especial en un momento en que la Comunidad de Madrid sigue siendo uno de los principales campos de disputa entre el PP y la oposición. Y tercero, porque episodios como este erosionan la confianza ciudadana en las instituciones locales, que deberían ser el primer muro de protección y no un foco de exposición indebida.
Más allá de la responsabilidad penal que finalmente determine la justicia, el caso deja una señal incómoda para la política madrileña: la tentación de usar una denuncia grave como pieza de guerra interna puede terminar convirtiéndose en un boomerang judicial y reputacional. Para una alcaldesa y para el partido que la respalda, el daño potencial no se mide solo en tribunales, sino también en credibilidad pública, especialmente ante una ciudadanía cada vez más sensible a cómo se manejan los casos de violencia sexual desde el poder.



