Infantino y el Mundial: la estrategia de aparecer en dos partidos al día que desata críticas
Imagen: infobae estados unidos
Gianni Infantino intensificó su presencia en el Mundial y, según fuentes de la FIFA, busca aparecer en tantos partidos como el calendario lo permita. La estrategia alimenta críticas porque llega en un momento de cuestionamientos fuera de lo deportivo.
Gianni Infantino volvió a quedar en el centro de la conversación del Mundial por una razón que nada tiene que ver con el juego: su insistencia en estar presente en dos partidos por día cuando la agenda se lo permite. De acuerdo con fuentes de la FIFA consultadas por infobae Estados Unidos, esa exposición constante no responde a improvisación, sino a una decisión calculada para multiplicar su visibilidad en un torneo donde la imagen institucional pesa tanto como el resultado en la cancha. El problema es que, en lugar de proyectar cercanía y liderazgo, esa omnipresencia también ha reactivado críticas que lo persiguen desde hace tiempo.
Según esas mismas fuentes, la intención de Infantino es aprovechar al máximo los huecos del cronograma para aparecer en más de un estadio por jornada, una estrategia que encaja con su estilo de conducción: ocupar espacio, marcar presencia y convertir cada gran evento en una plataforma política y mediática. En la práctica, eso lo ubica en tribunas, actos protocolares y recorridos oficiales con una frecuencia poco habitual incluso para un dirigente de su rango. Pero el contexto actual hace que cada aparición se lea con lupa, sobre todo porque sus movimientos ya no se interpretan solo como parte del ceremonial FIFA, sino como un mensaje hacia dentro y hacia fuera de la organización.
Y ahí está el punto de fondo: Infantino no recibe críticas únicamente por estar demasiado visible, sino por lo que esa visibilidad representa. En un escenario cargado de cuestionamientos extra deportivos, desde la concentración de poder en la FIFA hasta las tensiones entre negocio, política y derechos, su presencia constante en los estadios puede verse como una forma de control de la narrativa. La lectura crítica es simple: mientras el torneo intenta sostenerse sobre la emoción de los partidos, el presidente de la FIFA busca capitalizar cada foto y cada apretón de manos para reforzar su posición. Eso no es menor, porque en el fútbol global la gestión del relato puede ser tan importante como el calendario competitivo.
Para los aficionados, esta discusión importa más de lo que parece. El Mundial no solo se juega en la cancha, también se disputa en los pasillos del poder, donde las decisiones de la FIFA influyen en la organización, la sede, la seguridad, la distribución comercial y hasta la forma en que se comunica el torneo al mundo. La presencia reiterada de Infantino en dos partidos por día puede parecer un detalle protocolar, pero en realidad expone una dinámica mayor: la de una dirigencia que entiende el evento como una vitrina permanente. Y cuando esa vitrina se activa en medio de dudas sobre la transparencia y el rumbo de la institución, cada aparición deja de ser neutra. Se convierte, inevitablemente, en un gesto político.


