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Ahmadíes alzan en Reino Unido un mensaje global contra el odio y el terrorismo

Hace 1 hora

Miles de miembros del movimiento musulmán ahmadí se reunieron en Reino Unido para su encuentro anual Jalsa Salana, un evento marcado por llamados a la paz, la fraternidad y el rechazo frontal al terrorismo. La cita congregó asistentes de más de 100 países en un contexto de persecución creciente contra esta minoría religiosa.

En un momento en que el extremismo y la polarización siguen tensionando a comunidades religiosas en distintas partes del mundo, el movimiento musulmán ahmadí celebró en Reino Unido su encuentro anual Jalsa Salana con un mensaje nítido: defender la paz, la convivencia y la fraternidad universal. La reunión tuvo lugar del 24 al 26 de julio en Alton, Hampshire, y convocó a participantes provenientes de más de 100 países, una muestra del alcance global de una comunidad que, pese a su dispersión, insiste en presentarse como una voz religiosa contra el odio y la violencia.

De acuerdo con la información difundida por infobae mundo, el encuentro no fue solo una cita espiritual sino también una demostración de organización transnacional. La Jalsa Salana reunió a creyentes, dirigentes comunitarios y asistentes de distintas regiones en torno a un programa centrado en la reflexión religiosa, la convivencia interconfesional y el rechazo explícito al terrorismo. Para los ahmadíes, una rama del islam frecuentemente marginada y perseguida en varios países, este tipo de escenarios sirve tanto para fortalecer identidad como para insistir en una narrativa que contrasta con la que sus detractores intentan imponerles: la de un islam compatible con la paz pública y la pluralidad.

El contexto importa, y mucho. La comunidad ahmadí ha sido blanco de discriminación, prohibiciones y ataques en diferentes lugares del mundo precisamente por su posición teológica y por su insistencia en condenar el extremismo. En ese marco, la celebración del Jalsa Salana en territorio británico adquiere un valor político y simbólico adicional: no se trata únicamente de una reunión religiosa, sino de un acto de visibilidad para una minoría que busca protección, legitimidad y espacio en el debate internacional sobre libertad de culto. Para países como Colombia y Estados Unidos, donde el pluralismo religioso convive con episodios de intolerancia, este tipo de eventos recuerda que la libertad de creencias no es un asunto abstracto, sino una condición concreta para la convivencia democrática.

La masiva asistencia de delegados de más de 100 países también deja una señal clara: los discursos de paz no son patrimonio de las mayorías ni de los gobiernos, sino que muchas veces nacen desde comunidades que han debido resistir la persecución. En tiempos en que el terrorismo y la islamofobia siguen alimentándose mutuamente en el debate global, la presencia ahmadí en Hampshire funciona como un contrapunto incómodo pero necesario. Su mensaje es simple, aunque políticamente potente: frente a la violencia y la exclusión, la respuesta debe ser más organización, más diálogo y más defensa de la dignidad humana.

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