Zaporiyia vuelve a encender las alarmas tras tres ataques con drones, según el OIEA
El OIEA confirmó tres ataques recientes con drones en la planta nuclear de Zaporiyia, ocupada por Rusia, que dejaron dos trabajadores heridos. Aunque no hubo fugas radiactivas, el episodio reaviva el temor a un accidente en la mayor central atómica de Europa.
La planta nuclear de Zaporiyia volvió a quedar en el centro de la alarma internacional tras tres ataques recientes con drones que dejaron dos trabajadores heridos, según informó el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). La agencia nuclear de la ONU advirtió que, aunque no se detectaron fugas de radiación y los niveles en el sitio permanecen normales, el hecho confirma que la mayor central nuclear de Europa sigue expuesta a un riesgo inaceptable en medio de la guerra entre Rusia y Ucrania.
De acuerdo con el reporte difundido por el OIEA, uno de los drones impactó el 25 de agosto cerca del estanque de refrigeración, donde resultaron lesionados dos empleados de la instalación. Un día después, otro aparato detonó en el área de almacenamiento seco de combustible nuclear gastado, mientras que un tercer dron habría golpeado el sistema de rociado de las unidades de energía. El organismo, con sede en Viena, no atribuyó la autoría de estos ataques a ninguna de las partes, pero sí insistió en que se trata de incidentes que agravan la vulnerabilidad de una infraestructura crítica en plena zona de conflicto.
El trasfondo es conocido, pero no por eso menos preocupante. Zaporiyia fue tomada por fuerzas rusas en las primeras semanas de la invasión lanzada en febrero de 2022 y desde entonces se convirtió en uno de los puntos más sensibles del mapa bélico europeo. Rusia y Ucrania se acusan mutuamente de poner en peligro la seguridad de la central, que cuenta con seis reactores y sigue requiriendo suministro eléctrico constante y sistemas operativos para mantener refrigerado el núcleo y el combustible gastado, incluso sin producir energía. En otras palabras: una planta detenida no es una planta inofensiva, y cualquier interrupción prolongada o daño a sus sistemas podría abrir la puerta a un accidente de consecuencias difíciles de calcular.
Por eso el nuevo aviso del OIEA tiene una dimensión que va más allá del frente de guerra. Rafael Grossi, director general del organismo, reiteró que cualquier ataque contra instalaciones nucleares es inaceptable y pidió máxima moderación militar. Su advertencia no es retórica: en una guerra donde los drones ya son herramientas habituales de presión y sabotaje, la línea entre daño táctico y catástrofe tecnológica puede volverse peligrosamente delgada. Para Europa, para Ucrania y también para la comunidad internacional, Zaporiyia sigue siendo una bomba de tiempo contenida apenas por protocolos, vigilancia y la suerte.




