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Argentina y el “palo de hockey”: la apuesta de Milei para evitar otro ciclo de caída

Hace 2 horas
Argentina y el “palo de hockey”: la apuesta de Milei para evitar otro ciclo de caída

Imagen: infobae

Argentina vuelve a quedar atrapada entre dos caminos extremos: despegar con fuerza o recaer en un estancamiento prolongado. La teoría económica que rodea a Javier Milei y Demian Reidel busca explicar por qué el país podría cambiar de ciclo, aunque el antecedente histórico obliga a la cautela.

Argentina volvió a instalar en el centro del debate una vieja pregunta: ¿puede romper por fin su tendencia a crecer a los tumbos o está condenada a repetir crisis, rebotes y nuevas caídas? La llamada teoría del “palo de hockey”, asociada a Javier Milei y Demian Reidel, parte de una idea tan ambiciosa como arriesgada: si se corrigen ciertas distorsiones, la economía podría permanecer un tiempo en una meseta baja para luego acelerar con fuerza, dibujando una curva que recuerda a ese palo curvado que usa el hockey. En el diagnóstico oficial, no se trataría de un ajuste más, sino del punto de partida de un despegue que, de sostenerse, cambiaría la trayectoria del país.

El planteo cobra relevancia porque intenta explicar, al mismo tiempo, el costo inicial de ordenar la economía y la promesa de un salto posterior. Según esa lectura, la combinación de equilibrio fiscal, desregulación, menor intervención estatal y reconstrucción de precios relativos abriría espacio para que la inversión vuelva a tomar impulso. Pero esa hipótesis no vive en el vacío: llega después de años de inflación crónica, cepos, atraso cambiario, baja productividad y una desconfianza persistente de empresas y hogares. Por eso, más allá del lenguaje técnico, lo que está en discusión es si el programa actual logrará transformar expectativas en crecimiento real, empleo y salarios, o si se limitará a estabilizar a costa de una economía todavía golpeada.

Ahí está el verdadero punto político y social. La metáfora del palo de hockey seduce porque ofrece una salida clara a una economía acostumbrada a los ciclos de euforia y derrumbe, pero también concentra todos los riesgos en una sola apuesta: que el ajuste hoy se traduzca en expansión mañana. El problema es que la historia argentina castiga con dureza las promesas de segunda vuelta; muchas veces, el “después” nunca llegó o llegó demasiado tarde para la vida cotidiana de la mayoría. Si el gobierno logra bajar la inflación, recomponer reservas y volver previsible la regla de juego, la teoría podría dejar de ser una consigna y convertirse en una recuperación medible. Si no, el país volverá a confirmar que en Argentina el despegue económico suele ser más difícil de sostener que de anunciar.

Por eso el debate excede a Milei y Reidel. Lo que se juega es una disputa de fondo sobre el modelo de desarrollo: si el país puede salir del estancamiento con un shock de corrección y confianza, o si necesita una estrategia más gradual, con instituciones sólidas, crédito productivo y una hoja de ruta que sobreviva a los vaivenes de la política. En una economía donde cada mejora convive con el recuerdo de la próxima crisis, la diferencia entre una recuperación genuina y un rebote pasajero no se mide en discursos, sino en empleo, inversión y poder de compra en la calle.

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