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León XIV revierte el recorte salarial a cardenales y marca distancia con Francisco

Hace 4 horas

El papa León XIV restituyó el sueldo completo a los cardenales y altos cargos de la Curia romana, al dejar sin efecto el recorte del 10% que Francisco aplicó en 2021. La decisión, firmada el día en que cumplió 71 años, abre una nueva etapa en la gestión financiera del Vaticano.

El papa León XIV dio marcha atrás a uno de los ajustes más simbólicos del pontificado de Francisco: devolvió el salario completo a los cardenales y a los altos cargos de la Curia romana, al revocar el recorte del 10% que seguía vigente desde 2021. La decisión fue firmada el mismo día en que el pontífice cumplió 71 años y marca un giro en la política interna del Vaticano, donde la austeridad había sido presentada como parte del intento por ordenar unas finanzas históricamente tensas.

Según informó infobae mundo, la medida alcanza a los llamados purpurados y a otros responsables de alto rango de la administración central de la Santa Sede, que durante la pandemia vieron reducido su sueldo como parte de una estrategia para contener el gasto. Aquella decisión, tomada bajo el gobierno de Francisco, buscaba dar ejemplo en medio de la caída de ingresos por la crisis sanitaria y del arrastre de déficits estructurales en las cuentas vaticanas. Con el nuevo decreto, León XIV no solo corrige esa política, sino que envía una señal clara sobre el rumbo de su administración: menos castigo salarial para la jerarquía eclesiástica y una revisión del equilibrio entre disciplina financiera y reconocimiento institucional.

El cambio importa porque el Vaticano no es solo una sede religiosa; también es una maquinaria administrativa con un presupuesto bajo presión y una reputación que depende tanto de su autoridad moral como de su capacidad para gobernarse con coherencia. Francisco había puesto el foco en los privilegios internos y en la necesidad de ordenar una estructura que durante años operó con márgenes de opacidad y gastos difíciles de sostener. León XIV, en cambio, parece apostar por recomponer la relación con la cúpula curial y desactivar una de las medidas más sensibles heredadas de la etapa anterior. En la práctica, el gesto puede leerse como una forma de marcar distancia con su antecesor sin romper del todo con la lógica de reforma, pero también como una decisión política que podría abrir preguntas sobre el mensaje que el Vaticano quiere transmitir en tiempos de incertidumbre económica.

Más allá del Palacio Apostólico, el movimiento tiene una lectura que trasciende los muros de Roma. En una época en la que muchas instituciones exigen ajuste y sacrificio a sus trabajadores, cualquier reversa salarial en la élite eclesiástica será observada con lupa por fieles, críticos y observadores externos. Para los católicos de a pie, la decisión puede parecer lejana, pero toca un nervio sensible: el de una Iglesia que predica austeridad mientras administra recursos, jerarquías y privilegios. Y en ese terreno, cada gesto cuenta tanto como las reformas de fondo.

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