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El petróleo cayó por debajo de USD 90 y el mercado mira la tensión entre Washington e Irán

Hace 2 horas

El petróleo volvió a retroceder y cerró por debajo de los 90 dólares, presionado por la mayor oferta que llega desde Medio Oriente. La caída ocurre mientras sube la tensión entre Estados Unidos e Irán por el estrecho de Ormuz, una ruta clave para el crudo global.

El precio internacional del petróleo volvió a ceder y terminó por debajo de los 90 dólares, en una jornada marcada por una baja del 2,15% y por el aumento del suministro que llega desde Medio Oriente. El movimiento confirma que el mercado sigue reaccionando más rápido a los flujos de oferta que a la retórica geopolítica, incluso cuando el escenario en una de las rutas energéticas más sensibles del planeta continúa deteriorándose.

Según informó infobae mundo, la corrección bajista estuvo impulsada por la percepción de que el abastecimiento regional está creciendo y eso alivia, al menos por ahora, la presión sobre los precios. El dato no es menor: cuando el crudo se mueve por debajo de un umbral psicológico como el de los 90 dólares, las consecuencias suelen sentirse más allá de los mercados financieros. Para consumidores, transportistas e industrias dependientes de combustibles, una baja de este tipo puede moderar costos; para países exportadores, en cambio, significa menos margen fiscal y menor ingreso por cada barril vendido.

El telón de fondo sigue siendo el enfrentamiento político y estratégico entre Estados Unidos e Irán por el control del estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que circula una parte sustancial del petróleo mundial. Ambos países sostienen que tienen capacidad de dominar ese paso, lo que mantiene en alerta a operadores, navieras y gobiernos. La paradoja es evidente: mientras la tensión geopolítica debería empujar los precios al alza por riesgo de interrupción del suministro, el mercado hoy parece estar ponderando más la disponibilidad inmediata de crudo desde Medio Oriente que la posibilidad de un choque mayor. Esa lectura puede cambiar en cuestión de horas si la disputa se agrava.

Para la economía global, el mensaje es claro: el petróleo sigue siendo un activo extremadamente sensible a cualquier señal de exceso o escasez, pero también a la política exterior de Washington y Teherán. En América Latina, la caída golpea de manera desigual. Los países importadores respiran cuando baja la energía; los productores, como Colombia, enfrentan el dilema de unos precios más débiles justo cuando sus finanzas públicas todavía dependen en buena parte de los ingresos petroleros. Por eso cada movimiento del barril no es solo una cifra de pantalla: es una señal que se traduce en inflación, cuentas fiscales y decisiones de consumo en ambos continentes.

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