El petróleo retrocede por la distensión entre EE.UU. e Irán y cae bajo los USD 78
Imagen: infobae mundo
El petróleo volvió a girar a la baja y cerró por debajo de los USD 78 tras señales de distensión entre Estados Unidos e Irán. La amenaza sobre Ormuz empujó el precio hasta USD 82,3, pero los contactos en Suiza enfriaron la tensión.
El mercado petrolero dio un giro brusco en cuestión de horas: el barril perdió 3,3% y terminó por debajo de los 78 dólares, después de haber escalado hasta 82,3 dólares en medio de las advertencias de Donald Trump y del anuncio iraní sobre el estrecho de Ormuz. La lectura dominante entre los operadores fue clara: la prima de riesgo geopolítico se infló rápido, pero empezó a desinflarse cuando aparecieron señales de conversación entre Washington y Teherán.
La jornada mostró con crudeza hasta qué punto el petróleo sigue reaccionando menos a la oferta y la demanda del día a día que a la posibilidad de un conflicto en una de las rutas más sensibles del planeta. Ormuz, por donde circula una porción decisiva del crudo que se mueve en el comercio internacional, funciona como una especie de válvula de presión del sistema energético global. Cualquier mención a bloqueos, ataques o represalias suele traducirse de inmediato en subas, porque el mercado paga por adelantado el costo de una eventual interrupción del suministro. Pero esta vez el impulso alcista duró poco: el avance de contactos diplomáticos en Suiza cambió el ánimo de las pantallas y devolvió el foco a una expectativa menos dramática para la oferta mundial.
Más allá del movimiento puntual, la señal es relevante porque confirma que el petróleo sigue siendo uno de los termómetros más sensibles de la política exterior estadounidense y de la relación con Irán. Cuando el precio del barril sube con fuerza, el golpe rara vez queda encerrado en Wall Street o en las mesas de trading: se transmite a los combustibles, al transporte, a los costos de producción y, en última instancia, a la inflación que sienten los consumidores. En Estados Unidos, eso puede reabrir presión sobre la Casa Blanca en un año donde cada aumento en la gasolina pesa políticamente; en Colombia, aunque el país es productor, la volatilidad internacional también termina contaminando precios locales, expectativas de ingresos fiscales y cálculos sobre subsidios y tarifas.
Lo que dejó la rueda no fue solo una caída de precios, sino una advertencia sobre la fragilidad del equilibrio energético global. Un comentario presidencial, una amenaza sobre una ruta marítima estratégica y una señal diplomática bastaron para mover varios dólares por barril en cuestión de horas. Esa es la clase de volatilidad que recuerda que, en el mercado del crudo, la geopolítica sigue mandando tanto como los balances de oferta y demanda.



