El petróleo se dispara por la tensión con Irán y el temor a un bloqueo en Ormuz

Imagen: infobae mundo
El petróleo repuntó con fuerza ante la amenaza de un cierre prolongado del estrecho de Ormuz y la persistente tensión entre Estados Unidos e Irán. El Brent superó los 90 dólares durante la jornada y el WTI cerró al alza, en un mercado que vuelve a temer un shock energético global.
El petróleo volvió a encender las alarmas en los mercados internacionales este lunes, impulsado por el temor a que el estrecho de Ormuz sufra una interrupción prolongada y por la ausencia de avances entre Estados Unidos e Irán. El Brent cerró en 88,91 dólares por barril, después de haber superado los 90 dólares durante la jornada, mientras que el WTI terminó en 83,20 dólares, en una señal clara de que los operadores están pagando prima de riesgo por la inestabilidad geopolítica.
Según informó infobae mundo, la tensión en torno a Ormuz sigue siendo el factor que más pesa sobre las cotizaciones, porque por esa vía transita una parte decisiva del crudo que sale del Golfo Pérsico hacia Asia, Europa y América. No se trata solo de una disputa diplomática: cualquier alteración seria en ese corredor marítimo tendría impacto inmediato sobre los costos de transporte, los inventarios y, en cadena, sobre los precios de la gasolina, el diésel y buena parte de los bienes de consumo. En otras palabras, el mercado no está reaccionando a una frase aislada, sino a la posibilidad concreta de que uno de los puntos más sensibles del comercio energético mundial se complique durante más tiempo del previsto.
El contexto explica por qué esta subida tiene eco más allá de la sala de operaciones. Cada vez que se endurece la relación entre Washington y Teherán, el mercado del crudo reacciona como un sismógrafo: primero sube la cobertura especulativa, luego se ajustan las expectativas de oferta y finalmente aparecen los efectos en la economía real. Para Estados Unidos, un petróleo más caro puede traducirse en presión inflacionaria y en un golpe político incómodo en un año en el que el costo de vida sigue siendo una de las principales preocupaciones de los votantes. Para Colombia, aunque el país se beneficia parcialmente de precios altos por sus exportaciones, el efecto sobre combustibles, transporte y alimentos también puede sentirse en el bolsillo de los hogares si la escalada se prolonga.
Lo que está en juego, por tanto, no es solo una subida puntual de precios sino el riesgo de que la energía vuelva a convertirse en el canal por el que se transmite la incertidumbre global. Si el enfrentamiento diplomático se enquista y el estrecho de Ormuz permanece bajo amenaza, el mercado podría seguir castigando la oferta con un precio más alto del barril. Y cuando eso ocurre, la factura rara vez se queda en Wall Street: termina llegando, tarde o temprano, al consumidor final en Washington, Bogotá y medio mundo.




