El Brent sube a 116 dólares y agrava las pérdidas en las Bolsas

Imagen: El País
El petróleo volvió a tensar a los mercados y llevó al Brent hasta los 116 dólares por barril en una semana marcada por las pérdidas bursátiles. El rebote del cierre no alcanzó para borrar el temor por Oriente Próximo ni las dudas sobre una posible burbuja de la inteligencia artificial.
La semana dejó a las Bolsas globales con saldo negativo, arrastradas por un repunte del petróleo y por la creciente inquietud de los inversionistas frente a una posible sobrevaloración de las acciones ligadas a la inteligencia artificial. El golpe más visible vino desde el mercado energético: el barril de Brent llegó a tocar los 116 dólares, un nivel que refleja la falta de avances para frenar la guerra en Oriente Próximo y que reaviva el miedo a nuevas presiones inflacionarias.
Según informó El País, el rebote de última hora en los parqués no fue suficiente para revertir el tono general de la semana. Los mercados vivieron sesiones dominadas por la aversión al riesgo, con los operadores reajustando sus apuestas ante dos focos de incertidumbre que se retroalimentan: por un lado, el conflicto en la región petrolera más sensible del mundo; por otro, la duda sobre si el entusiasmo bursátil por la IA está yendo más rápido que los resultados reales de esas empresas.
El petróleo importa porque no solo encarece la energía, sino que se filtra en cadena a transporte, alimentos y bienes de consumo. Si el Brent se mantiene en niveles elevados, los bancos centrales tendrán menos margen para relajar su postura monetaria, justo cuando la economía global todavía intenta digerir años de tasas altas. En paralelo, la corrección sobre las tecnológicas vinculadas a la IA sugiere que el mercado empieza a exigir algo más que promesas: beneficios concretos, inversiones rentables y una trayectoria de crecimiento que justifique las valoraciones. Cuando ambos factores coinciden, el resultado suele ser el mismo: más volatilidad, menos apetito por el riesgo y un mensaje incómodo para los hogares y las empresas, que terminan pagando la factura de la incertidumbre financiera.

