El norte del planeta se calienta más rápido y la crisis climática entra en fase crítica

Imagen: BBC Mundo
El hemisferio norte se está calentando casi al doble de rápido que el sur, advirtió el climatólogo Raúl Cordero en una conversación con BBC Mundo. El aumento de extremos climáticos, combinado con El Niño, puede golpear con más fuerza a millones de personas, pero aún hay razones para pensar que la crisis no es irreversible.
El planeta que conocieron generaciones anteriores ya no funciona con las mismas reglas climáticas, y ese cambio ya se siente con más fuerza en el hemisferio norte. Así lo explicó el climatólogo Raúl Cordero en diálogo con BBC Mundo, al advertir que esa mitad del mundo se está calentando casi al doble de rápido que el hemisferio sur. La consecuencia no es abstracta: significa más olas de calor, más incendios, lluvias más intensas y una mayor probabilidad de que los eventos extremos se repitan con frecuencia de epidemia, no de excepción.
Cordero puso el foco en un fenómeno que ayuda a entender por qué este momento es especialmente delicado: la combinación entre el cambio climático provocado por la actividad humana y El Niño. Cuando ambos procesos se superponen, el sistema climático entra en una fase de mayor tensión, con impactos que pueden amplificarse en distintas regiones del planeta. En la práctica, eso se traduce en temporadas más duras para la agricultura, presión sobre el abastecimiento de agua, más riesgos para la salud pública y pérdidas económicas que terminan golpeando primero a los sectores más vulnerables. Para países de América Latina y Estados Unidos, donde ya se acumulan sequías, incendios, inundaciones o récords de temperatura, el aviso no es menor.
La explicación del científico también ayuda a ordenar un debate que a veces se trata como si fuera distante o puramente técnico. No lo es. Que el hemisferio norte se caliente más rápido tiene implicaciones directas para ciudades, infraestructura, seguros, energía y migración. En Estados Unidos, por ejemplo, el calor extremo ya está redefiniendo la vida urbana y rural; en Colombia, las variaciones de lluvias afectan desde la producción de alimentos hasta el precio de bienes básicos. El fondo del asunto es que el cambio climático no llega solo: interactúa con fenómenos naturales como El Niño y vuelve más frágil un sistema que ya venía bajo presión.
Aun así, Cordero no se queda en el diagnóstico fatalista. Según su visión, hay motivos para la esperanza precisamente porque todavía hay margen de acción: reducir emisiones, adaptar ciudades, proteger ecosistemas y prepararse mejor para los impactos que ya no se pueden evitar. Esa combinación de alarma y posibilidad es la clave para entender este momento histórico: no estamos frente a un futuro lejano, sino ante un presente que ya cambió. La pregunta no es si el clima seguirá alterándose, sino si las sociedades estarán a tiempo de responder con la rapidez que exige la crisis.




