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Kast llega a Lima para la investidura de Fujimori y reabre la agenda Chile-Perú

Hace 1 hora

José Antonio Kast llegó a Lima para asistir a la investidura de Keiko Fujimori, en una señal de acercamiento político entre Chile y Perú. La cita ocurre en medio de tensiones por migración, crimen organizado y la apuesta por reactivar la Alianza del Pacífico.

José Antonio Kast aterrizó este lunes en Lima para asistir a la investidura de Keiko Fujimori, un gesto que confirma la sintonía política entre dos liderazgos de derecha que quieren reposicionar la relación bilateral con una agenda centrada en migración, seguridad y comercio. El mandatario chileno fue recibido en el Grupo Aéreo N.° 8 por el ministro de Defensa peruano, en una jornada marcada por la llegada de otros jefes de Estado y por los protocolos oficiales que acompañan el cambio de mando en Perú.

La visita no es solo ceremonial. Según informó la Presidencia chilena, Kast y Fujimori sostuvieron una videollamada el 10 de julio en la que hablaron sobre coordinación migratoria y combate al crimen organizado transnacional. En ese intercambio también participaron autoridades diplomáticas chilenas, y ambos coincidieron en la necesidad de estrechar la cooperación bilateral, sostener el comercio entre los dos países y relanzar la Alianza del Pacífico como plataforma para proyectarse hacia Asia. La conversación incluyó además asuntos sensibles como el narcotráfico, una amenaza que golpea tanto a Chile como a Perú y que ya no se limita a las fronteras: se expande por rutas regionales, redes financieras y economías ilegales que se alimentan de la debilidad institucional.

El trasfondo político es igual de importante. Keiko Fujimori llega al poder con el peso de una victoria estrecha, obtenida por apenas una diferencia mínima frente a su rival, Roberto Sánchez, lo que anticipa un gobierno que necesitará legitimidad y resultados rápidos. Kast, por su parte, ha insistido públicamente en la idea de un corredor humanitario para migrantes irregulares con apoyo de países vecinos, una propuesta que busca ordenar la crisis, pero que ha encontrado reparos en Lima por los riesgos de seguridad y la falta de garantías sobre el tránsito y el destino final de esas personas. Ahí está la clave de esta visita: no se trata solo de una foto diplomática, sino de una conversación sobre cómo contener una presión migratoria que afecta servicios públicos, mercados laborales y discursos electorales en ambos países.

En la práctica, lo que se discuta en Lima tendrá impacto más allá de los salones oficiales. Si Chile y Perú logran coordinar controles fronterizos, inteligencia policial y cooperación comercial, podrían enviar una señal de estabilidad en una región donde el crimen organizado avanza más rápido que los Estados. Pero si la agenda se queda en declaraciones de buena voluntad, la relación bilateral volverá a quedar atrapada entre la necesidad de cooperación y la desconfianza política. Para la ciudadanía, especialmente para quienes viven cerca de las fronteras o dependen del comercio y la movilidad regional, el resultado de este acercamiento puede traducirse en más control, más intercambio o, en el peor escenario, más incertidumbre.

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