Disparos en el entierro de 'Bendito Menor' sacuden a Riohacha y suben la presión al Gobierno
Imagen: El Tiempo (Colombia)
La muerte de 'Bendito Menor' desató una caravana de duelo en Riohacha y una reacción inmediata del presidente de la República. El mandatario aseguró que ya tiene identificadas a las personas que dispararon al aire durante el recibimiento del cuerpo.
La caravana fúnebre de ‘Bendito Menor’ en Riohacha terminó convertida en un nuevo foco de tensión pública luego de que el presidente de la República asegurara que ya están identificadas las personas que dispararon al aire durante el recibimiento del cuerpo. El hecho, ocurrido mientras familiares y allegados acompañaban el traslado hasta el cementerio, abrió otro frente sobre la normalización de las armas en actos de duelo y sobre el control real que existe en eventos masivos vinculados con estructuras criminales o entornos violentos.
Según informó El Tiempo (Colombia), la reacción presidencial llegó en medio del recorrido de la caravana por la capital guajira, donde el ambiente de luto se mezcló con una escena que alteró la tranquilidad del sector: disparos al aire en un momento que, por su carga simbólica y por el riesgo para la población, generó preocupación entre autoridades y vecinos. Aunque no se han entregado públicamente más detalles sobre el tipo de identificación ni sobre posibles capturas, el mensaje oficial apunta a que el caso no quedará solo en una denuncia política o en un llamado a la calma.
El episodio no puede leerse como un hecho aislado. En regiones como La Guajira, donde confluyen economías ilegales, disputas territoriales y una relación histórica entre poder armado y vida comunitaria, estas escenas terminan enviando una señal peligrosa: que la ostentación de fuerza sigue siendo parte del ritual público. Y eso importa porque cuando los disparos acompañan un funeral, el mensaje que reciben los más jóvenes es devastador: la violencia no solo mata, también se convierte en ceremonia. Para la ciudadanía de a pie, especialmente en barrios y municipios con presencia de grupos armados o delincuencia organizada, la pregunta de fondo es si las autoridades tienen capacidad de actuar antes de que ese tipo de gestos escalen a hechos más graves.
La caravana hacia el cementerio, en medio de ese clima, deja una imagen difícil de ignorar: el dolor familiar avanzando al mismo ritmo que la intimidación. Si el Gobierno realmente tiene ubicadas a las personas que participaron en los disparos, el siguiente paso será clave para medir si la respuesta institucional será ejemplar o si este episodio terminará sumándose a la larga lista de escenas violentas que en Colombia generan indignación por unas horas y luego se diluyen sin consecuencias visibles. En una región donde la autoridad se mide también por su capacidad de imponer límites, este caso será una prueba política y judicial.



