Peña enciende la ilusión paraguaya: ve a la Albirroja en octavos como mínimo
Santiago Peña apostó públicamente por una Albirroja que, según su lectura, ya tiene margen para meterse al menos en octavos de final. El mensaje llega en plena recta decisiva del grupo D, con Paraguay obligado a ratificar en la cancha una remontada que ya levantó el ánimo nacional.
El presidente de Paraguay, Santiago Peña, se sumó este lunes al clima de expectativa que rodea a la selección nacional y afirmó que la Albirroja tiene con qué avanzar, por lo menos, hasta los octavos de final del Mundial. La declaración no fue menor: llegó en un acto oficial por el aniversario de la Constitución y, en la práctica, convirtió el rendimiento del equipo en un asunto de ánimo nacional. Después de un inicio duro en el torneo, el mandatario eligió mirar hacia arriba y proyectó un desenlace que, de cumplirse, reforzaría la sensación de que Paraguay todavía puede escribir un papel relevante en la competencia.
La confianza presidencial se apoya en una campaña que tuvo de todo en apenas dos partidos. Paraguay arrancó con una goleada en contra por 4-1 frente a Estados Unidos, un golpe que dejó dudas sobre su capacidad de competir en el grupo D. Sin embargo, la respuesta llegó rápido: en la segunda fecha venció 0-1 a Turquía en un partido de alto desgaste, jugado con un hombre menos durante toda la segunda mitad, una victoria que cambió por completo el relato interno de la selección. Según informó Infobae con base en EFE, la Albirroja quedó tercera en la zona tras dos jornadas y ahora depende de su último compromiso frente a Australia para sellar el pase a dieciseisavos de final.
Más allá del resultado deportivo, el pronunciamiento de Peña muestra cuánto pesa el fútbol en la política y en la vida pública paraguaya. En un país donde la selección suele funcionar como termómetro emocional, cada triunfo trasciende la cancha y se traduce en legitimidad, orgullo y conversación cotidiana. Por eso importa tanto lo que pase este jueves: si Paraguay gana, quedará segundo del grupo D y se medirá en la siguiente fase con el segundo del grupo G, que por ahora es Irán; si avanza como tercero, la ruta podría endurecerse y abrir un cruce de enorme dificultad, incluso con una potencia como Alemania. En otras palabras, no solo está en juego el pase: está en juego el tipo de camino que deberá recorrer la Albirroja para seguir soñando.
El optimismo presidencial, sin embargo, también deja una exigencia sobre la mesa. Las palabras de Peña alimentan la ilusión, pero el fútbol termina ordenándose por resultados y no por pronósticos. Paraguay llega al partido decisivo con el impulso anímico de una victoria valiosa, pero también con la presión de sostenerla ante un rival que todavía tiene por qué pelear. Para la afición, la ecuación es sencilla: un triunfo puede convertir esta fase en punto de inflexión; un tropiezo, en cambio, devolvería al equipo al terreno de las preguntas incómodas. En ese margen se juega algo más que una clasificación: se juega la credibilidad de una selección que, por ahora, volvió a poner a todo un país a hacer cuentas.




