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Siria incorpora a Mazloum Abdi al poder tras pactar con los kurdos

Hace 6 horas

Mazloum Abdi, jefe de las Fuerzas Democráticas Sirias, fue nombrado asesor del presidente sirio tras el acuerdo de integración con Damasco. El movimiento marca un giro en la relación entre el poder central y el kurdismo armado en Siria.

La designación de Mazloum Abdi como asesor del presidente sirio abre una nueva etapa en el delicado reacomodo político y militar de Siria. El jefe kurdo, que hace apenas días anunció la disolución de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), pasará ahora a formar parte de la nueva estructura estatal tras el entendimiento alcanzado con Damasco, un paso que sugiere que el régimen busca absorber, y no solo contener, a una de las fuerzas armadas más influyentes del noreste del país.

De acuerdo con la información difundida por infobae mundo, la decisión coloca a Abdi en una posición institucional inédita para un dirigente kurdo que durante años operó como uno de los principales interlocutores de Estados Unidos en la lucha contra Estado Islámico. Las FDS, dominadas por milicias kurdas pero con presencia de otras comunidades locales, se consolidaron como un actor clave en la guerra siria precisamente por su control territorial y por su papel en la ofensiva contra el yihadismo. Que su máximo comandante pase a asesorar al presidente no es un gesto menor: implica una negociación de alto nivel en la que el poder central intenta reordenar el mapa de lealtades en un país devastado por más de una década de conflicto.

Este movimiento importa porque toca uno de los nudos más sensibles del conflicto sirio: la relación entre Damasco y la autonomía de facto que han construido los kurdos en el norte y el este del país. La integración de las FDS en la nueva estructura estatal puede interpretarse como una victoria política para el gobierno sirio, pero también como una maniobra pragmática para evitar un choque abierto con una fuerza que aún conserva capacidad militar, influencia territorial y legitimidad social en amplias zonas. Para la población civil, el desenlace podría traducirse en menos incertidumbre en algunas regiones, aunque también despierta dudas sobre qué ocurrirá con la administración local, la seguridad y los derechos de las comunidades kurdas, árabes y asirias que viven bajo esa arquitectura híbrida.

En el fondo, el nombramiento de Abdi revela que Siria sigue negociándose a sí misma en fragmentos. La guerra no ha terminado del todo: se ha transformado en una competencia por la reintegración del territorio, el control de las armas y el futuro de las minorías. Si Damasco logra absorber a los kurdos sin desatar una nueva crisis, habrá dado un paso importante para recomponer el Estado. Si falla, el país podría volver a abrir una herida que nunca terminó de cerrar.

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