Política

Abelardo De La Espriella y el poder de los símbolos: radio, pistola y fe

Hace 2 horas

Abelardo De La Espriella volvió a convertir los símbolos en mensaje político: radio, pistola y referencias religiosas marcan su narrativa de poder. No son adornos; son una estrategia para emocionar, ordenar lealtades y fijar identidad.

Abelardo De La Espriella no está gobernando solo con decretos y discursos: está gobernando también con símbolos. La radio, la pistola y la invocación a Cristo Rey no son detalles accesorios de su estilo político, sino piezas de una estrategia cuidadosamente diseñada para comunicar autoridad, cercanía con ciertos sectores y una idea de poder que apela más a la emoción que a la tecnocracia. Como ya se vio en campaña, el presidente entiende que en política contemporánea los gestos pesan tanto como las decisiones, y que un objeto o una imagen puede condensar un relato mucho más rápido que un argumento.

Según el análisis divulgado por El Tiempo - Política, De La Espriella recurre a elementos cargados de significado para reforzar su mensaje público. La radio lo conecta con la tradición de comunicación directa, con una voz que entra sin intermediarios a la casa de la gente; la pistola proyecta firmeza, defensa y confrontación, un recurso que en ciertos sectores se lee como orden y en otros como amenaza; y Cristo Rey introduce una dimensión moral y religiosa que no solo busca legitimidad, sino también una frontera cultural clara entre “los suyos” y los adversarios. En conjunto, estos símbolos no funcionan aislados: operan como un lenguaje político que busca activar emociones primarias, desde la seguridad hasta la identidad, pasando por la nostalgia y la fe.

Ese repertorio simbólico importa porque ayuda a entender no solo cómo comunica el presidente, sino qué tipo de país imagina cuando se dirige a su base. En Colombia, donde la política suele moverse entre la desconfianza institucional, la polarización y la búsqueda de liderazgos fuertes, los símbolos tienen una capacidad enorme para ordenar percepciones. No es casual que un mandatario apueste por objetos y referencias que condensan autoridad y pertenencia: en un ecosistema saturado de mensajes, la simplificación emocional puede ser más eficaz que la explicación compleja. Pero esa eficacia también tiene un costo. Cuando el poder se narra a través de emblemas de combate o de redención moral, el debate público corre el riesgo de reducirse a adhesiones y rechazos, dejando menos espacio para discutir resultados, gestión y consecuencias concretas para la ciudadanía.

Lo que hay detrás de la puesta en escena de De La Espriella, en el fondo, es una lección sobre la política actual: quien controla el relato visual controla buena parte de la conversación. En un país donde la inseguridad, la crisis económica y la frustración con las élites siguen marcando la agenda, los símbolos no son decoración. Son instrumentos de poder. Y en manos de un presidente como De La Espriella, pueden servir tanto para consolidar liderazgo como para profundizar las divisiones que ya atraviesan la vida pública colombiana.

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