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Vecinos de Devon frenan un megaproyecto de centros de datos de IA

Hace 4 horas

La construcción de uno de los centros de datos más grandes de Europa en Devon enfrenta una oposición creciente en esta zona rural de Inglaterra. Los vecinos alertan por el impacto ambiental y ponen en duda el costo real de la expansión de la inteligencia artificial.

Los planes para levantar en Devon uno de los centros de datos más grandes de Europa han encendido una resistencia poco habitual en esta zona tranquila del suroeste de Inglaterra. La oposición vecinal crece al mismo ritmo que las preocupaciones por el costo ambiental de la infraestructura necesaria para alimentar el avance de la inteligencia artificial, un negocio que promete eficiencia y poder computacional, pero que también exige enormes cantidades de energía y recursos.

Según informó clarin colombia, el proyecto ha provocado alarma entre residentes que ven en esta iniciativa una amenaza para el paisaje rural, la presión sobre los servicios locales y el equilibrio ambiental de una región que no está acostumbrada a este tipo de megaproyectos tecnológicos. Aunque la información disponible no detalla aún todos los componentes del plan, el tamaño de la instalación prevista la ubica entre las más ambiciosas del continente, una escala que inevitablemente abre preguntas sobre consumo eléctrico, uso del suelo y huella ecológica.

El caso de Devon resume un choque que se está repitiendo en varios países: la carrera por construir infraestructura para IA avanza más rápido que el debate público sobre sus consecuencias. Los centros de datos son la columna vertebral de esta nueva economía digital, pero también concentran críticas por su demanda de energía y agua, además de su impacto sobre comunidades que, como esta, sienten que las decisiones se toman lejos de sus intereses. Para la población local, el dilema no es abstracto: se trata de si un territorio rural debe transformarse para sostener una industria global que crece a gran velocidad.

La resistencia en Devon puede convertirse en un termómetro de lo que viene. A medida que la IA se expande, gobiernos, empresas y ciudadanos tendrán que definir hasta dónde están dispuestos a ceder ante proyectos de gran escala que prometen innovación, pero que también dejan una factura ambiental y social difícil de ignorar. En ese sentido, lo que ocurre en este rincón de Inglaterra no es solo una disputa local: es una señal de las tensiones que acompañan la revolución tecnológica en Europa y más allá.

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