El dilema de Jeremy Doku reabre el debate sobre la paternidad en el fútbol de élite

Imagen: BBC Mundo
Jeremy Doku quiere abandonar la concentración de Bélgica para estar presente en el nacimiento de su bebé, una decisión que ha generado críticas en medio del Mundial. El caso abrió un debate más amplio sobre la paternidad y las exigencias del fútbol de élite.
La decisión de Jeremy Doku de dejar temporalmente la concentración de Bélgica para conocer a su recién nacido ha encendido una discusión que va mucho más allá de un vestuario y una convocatoria mundialista. Según informó BBC Mundo, el extremo belga quiere estar presente en un momento familiar decisivo, pero no todos ven con buenos ojos que un jugador abandone el grupo en plena competición. Para unos, se trata de una prioridad humana y perfectamente comprensible; para otros, de una ausencia difícil de justificar cuando cada partido en un Mundial pesa como si fuera una final.
El debate se instaló rápidamente porque el fútbol de selecciones vive de una lógica extrema: poco tiempo de preparación, margen mínimo para los errores y una presión pública que convierte cualquier movimiento fuera del guion en un tema nacional. Quienes critican a Doku suelen apoyarse en esa idea de compromiso total con el equipo, especialmente en torneos cortos donde una baja, aunque sea temporal, altera planes tácticos y emocionales. En cambio, sus defensores recuerdan que no se está hablando de una decisión caprichosa ni de una escapada privada, sino de acompañar el nacimiento de un hijo, un hecho que en cualquier otra profesión sería entendido como una prioridad legítima.
Lo que este caso expone, en el fondo, es una tensión cada vez más visible en el deporte de alto rendimiento: se espera de los futbolistas una disponibilidad casi absoluta, como si su vida personal quedara suspendida mientras dura la competición. Esa exigencia puede funcionar en el papel de una federación, pero choca con una sensibilidad social distinta, más abierta a reconocer derechos familiares y a cuestionar la idea del atleta como máquina. En ese sentido, la polémica sobre Doku refleja un cambio de época: el público ya no solo evalúa goles, asistencias o disciplina táctica, sino también la capacidad de las instituciones deportivas para respetar momentos que no caben en la lógica del marcador.
Por eso la discusión importa más de lo que parece. No se trata únicamente de si Bélgica pierde o gana un jugador por unas horas, sino de qué tipo de cultura sigue dominando el fútbol internacional. Si el deporte de élite exige sacrificios sin pausa, entonces cada gesto de paternidad termina leído como una desviación. Si, por el contrario, acepta que sus protagonistas también tienen una vida fuera del campo, casos como el de Doku dejan de ser un escándalo y pasan a ser lo que realmente son: la normalidad de un padre que quiere estar presente en el nacimiento de su hijo.


