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La victoria de Dodik en Bosnia enfría aún más el sueño europeo del país

Hace 6 horas
La victoria de Dodik en Bosnia enfría aún más el sueño europeo del país

Imagen: El País

La victoria del partido de Milorad Dodik en la República Srpska refuerza a la figura prorrusa más influyente de Bosnia y complica todavía más su camino hacia la Unión Europea. El resultado consolida un pulso político que mantiene al país atrapado entre Bruselas, Moscú y sus propias fracturas internas.

Las elecciones en Bosnia-Herzegovina dejan un mensaje incómodo para Bruselas: el país sigue lejos de cerrar sus heridas políticas y, con ello, también se aleja de una integración real en la Unión Europea. El bloque del hombre fuerte de la República Srpska, Milorad Dodik, logró asegurar su presencia en la presidencia tripartita, un resultado que fortalece al dirigente prorruso más influyente del país y mantiene viva una dinámica de bloqueo institucional que ha frenado durante años las reformas exigidas por la UE.

Según informó El País, la victoria del partido de Dodik en la entidad serbobosnia consolida su peso en el centro del poder bosnio, donde la presidencia colectiva reparte la representación entre bosnios musulmanes, croatas y serbios. En la práctica, ese equilibrio diseñado para evitar una nueva fractura tras la guerra de los años noventa suele terminar convertido en un sistema de vetos cruzados. Dodik, que ha hecho de la confrontación con las instituciones centrales una herramienta política, capitaliza ese diseño para reforzar su autonomía y proyectar una agenda que mira más a Belgrado y Moscú que a Bruselas.

El resultado importa mucho más allá de la aritmética electoral. Bosnia-Herzegovina necesita reformas profundas para acercarse a la UE: desde el funcionamiento del Estado hasta la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento del sistema judicial. Pero cada avance tropieza con la resistencia de líderes que explotan las divisiones étnicas como combustible electoral. En ese contexto, la permanencia de Dodik en la presidencia tripartita no solo dificulta la coordinación interna; también envía una señal política de estancamiento a una Unión Europea que lleva años prometiendo una puerta de entrada que en Sarajevo sigue viéndose cada vez más lejos. Para la población, el costo es tangible: instituciones débiles, servicios públicos fragmentados y una economía atrapada entre la desconfianza y la emigración.

Bosnia-Herzegovina vuelve así a exhibir el mismo dilema que arrastra desde el fin de la guerra: un Estado formalmente unido, pero políticamente fracturado y sometido a la competencia de liderazgos que prefieren administrar la división antes que resolverla. Mientras Dodik conserve capacidad de veto y de agitación, la idea de un giro proeuropeo seguirá chocando con la realidad de un país donde la estabilidad institucional sigue dependiendo más del cálculo identitario que de un proyecto común de futuro.

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