El riesgo país argentino se desploma y baja de 450 puntos tras la mejora de S&P

Imagen: depor
El riesgo país argentino cayó con fuerza y perforó el umbral de los 450 puntos luego de la mejora en la nota de la deuda que otorgó Standard & Poor’s. El movimiento refleja una lectura más favorable sobre la capacidad de pago del país y mejora, al menos por ahora, el clima financiero.
El riesgo país argentino se derrumbó este jueves y perforó el piso de los 450 puntos básicos, en una señal de alivio para los mercados que llegó de la mano de una mejora en la calificación de la deuda soberana. Según el indicador que elabora JP Morgan, la baja superó los 50 puntos en una sola jornada, impulsada por la suba de los bonos argentinos y por la decisión de Standard & Poor’s de elevar la nota de la deuda en moneda extranjera de largo plazo de CCC+ a B-. En un país acostumbrado a convivir con la desconfianza de los inversores, un movimiento así no es menor: habla de un giro en la percepción sobre el riesgo de impago y sobre la capacidad del Gobierno para sostener su programa económico.
La mejora de Standard & Poor’s se apoyó en dos factores que hoy pesan especialmente en la evaluación de la Argentina: la acumulación de divisas y el equilibrio fiscal. En términos simples, la agencia leyó que el país está mostrando una caja externa algo más robusta y una cuenta pública más ordenada que en etapas recientes. Ese diagnóstico no resuelve los problemas de fondo, pero sí alcanza para modificar el humor de los mercados y empujar a los bonos al alza, lo que a su vez comprime el riesgo país. Cuando este indicador baja, el mensaje para los acreedores es claro: el costo de prestarle al Estado argentino cae, al menos en el corto plazo, porque se reduce la prima que exigen para asumir el riesgo.
La caída del riesgo país importa más allá de la jerga financiera. Para Argentina, un nivel más bajo abre una puerta que lleva cerrada desde hace años: la posibilidad de volver a financiarse en los mercados internacionales a tasas menos prohibitivas. Eso puede traducirse, con el tiempo, en una menor presión sobre las reservas, un alivio para refinanciar vencimientos y una señal más favorable para empresas que dependen del crédito externo para invertir o expandirse. Pero conviene no exagerar el alcance del dato: 450 puntos básicos sigue siendo una cifra elevada para un país que busca recuperar la confianza perdida tras años de defaults, reestructuraciones y controles. En otras palabras, mejoró la foto, pero la película todavía es frágil.
Lo que ocurra a partir de ahora dependerá de si el Gobierno logra sostener la disciplina fiscal, seguir acumulando reservas y evitar sobresaltos políticos o cambiarios que vuelvan a tensionar el frente financiero. El mercado, en este tipo de procesos, premia la consistencia y castiga rápidamente cualquier desvío. Por eso, aunque la baja del riesgo país es una buena noticia para la Casa Rosada y para los inversores, también funciona como una prueba de fuego: si la mejora se confirma en el tiempo, podría empezar a reconstruirse un puente hacia el crédito internacional; si no, el alivio de hoy corre el riesgo de quedar como una ráfaga pasajera en una economía todavía marcada por la desconfianza.


