Gersson Vargas propone cambiar el Soat y las fotomultas con castigos más proporcionales

Imagen: infobae colombia
El senador Gersson Vargas, conocido como ‘Señor Biter’, puso sobre la mesa dos reformas que podrían cambiar la forma en que se pagan el Soat y las fotomultas en Colombia. La apuesta es ligar el seguro al comportamiento de cada conductor y graduar las sanciones según la gravedad de la infracción.
En la apertura del Congreso, el senador Gersson Vargas, conocido como ‘Señor Biter’, anunció dos proyectos de ley que apuntan a mover dos de los temas que más golpean el bolsillo de los conductores colombianos: el Soat y las fotomultas. La propuesta más sensible busca que el seguro obligatorio deje de ser una tarifa casi plana para convertirse en un sistema más ajustado al historial de manejo de cada persona; la segunda plantea ordenar las sanciones captadas por cámaras bajo una escala que diferencie entre faltas leves y conductas más graves.
Según informó infobae colombia, el legislador pretende introducir un criterio de comportamiento en el cálculo del Soat, una idea que, de avanzar, podría premiar a quienes tienen menos siniestralidad y castigar a los conductores reincidentes en infracciones o accidentes. En paralelo, la reforma a las fotomultas buscaría acabar con la sensación de que todas las sanciones pesan igual, incluso cuando la infracción no tiene el mismo nivel de riesgo para la seguridad vial. En términos prácticos, Vargas propone revisar un esquema que hoy muchos ciudadanos perciben como rígido, costoso y, en varios casos, poco pedagógico.
La iniciativa no surge en el vacío. En Colombia, el Soat se ha convertido durante años en un dolor de cabeza por sus tarifas, la evasión masiva y el impacto que tiene en la formalidad del sistema de movilidad. A la vez, las fotomultas arrastran una controversia persistente por su uso como mecanismo de recaudo, por la falta de proporcionalidad en algunas sanciones y por los reclamos de conductores que sienten que la tecnología terminó funcionando más como caja registradora que como instrumento de prevención. En ese contexto, la propuesta de Vargas toca una fibra sensible: la del ciudadano que ve cómo la movilidad urbana se regula con castigos, pero no siempre con incentivos claros para conducir mejor.
Si estas iniciativas llegan a debatirse con seriedad, el pulso no será solo técnico sino político. Reformar el Soat implica discutir el costo del riesgo en un país con altos índices de accidentalidad y con una cultura de aseguramiento todavía incompleta. Cambiar las fotomultas, por su parte, obliga a definir hasta dónde el Estado quiere sancionar y hasta dónde educar. Lo que está en juego, al final, es una pregunta de fondo: si Colombia quiere seguir cobrando por circular o si empieza a construir un sistema que premie el buen comportamiento y castigue de verdad al infractor reincidente. Para millones de conductores, ese matiz puede significar pagar menos, pero también asumir una mayor responsabilidad al volante.



