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Valencia sacude su estructura: cae Corberán y también el CEO Ron Gourlay

Hace 1 hora
Valencia sacude su estructura: cae Corberán y también el CEO Ron Gourlay

Imagen: El País

El Valencia volvió a sacudirse con una decisión de alto voltaje: destituyó a Carlos Corberán y al CEO Ron Gourlay en medio de otra reestructuración de urgencia. Óscar Sánchez, desde el Mestalla, asumirá provisionalmente mientras el club busca un nuevo entrenador y ficha a Braulio como director deportivo.

El Valencia ha vuelto a mover el tablero con una decisión que confirma la inestabilidad crónica que arrastra desde hace años: destituyó a Carlos Corberán y también al CEO Ron Gourlay, en un golpe de timón que reordena la cúpula deportiva y ejecutiva del club. Mientras se define al próximo entrenador, Óscar Sánchez, responsable del Mestalla, tomará las riendas del primer equipo de forma provisional. La búsqueda del sustituto ya está en marcha y será, según el conteo que arrastra la institución, el decimoctavo técnico desde que Peter Lim compró el club hace 12 años.

La salida simultánea del entrenador y del máximo responsable ejecutivo no es un movimiento menor. En la práctica, el Valencia reconoce que el problema no estaba solo en el banquillo, sino también en la estructura de decisiones que rodea al equipo. En paralelo, el club trabaja en la incorporación de Braulio como director deportivo, una figura clave para intentar devolver algo de orden a una planificación que ha vivido demasiado tiempo entre urgencias, parches y cambios de rumbo. La transición, sin embargo, no ofrece garantías inmediatas: el equipo queda nuevamente en manos interinas en un momento en el que cada semana de incertidumbre pesa sobre los resultados, el vestuario y la relación con una afición cansada de ver repetirse el mismo patrón.

Lo que ocurre en Mestalla va mucho más allá de un simple relevo técnico. Es la radiografía de un club atrapado en una década larga de promesas incumplidas, rotaciones constantes y una sensación de proyecto perpetuamente inacabado. Con Peter Lim todavía como propietario, el Valencia ha convertido la inestabilidad en norma: técnicos que no terminan de consolidarse, directivos que llegan y salen, y una estructura deportiva que rara vez logra sostener una idea a medio plazo. En ese contexto, el nombramiento de Braulio podría interpretarse como un intento de profesionalizar la gestión y reconstruir jerarquías, pero el margen de error es mínimo. La hinchada, que conoce de sobra el desgaste de estos vaivenes, ya no mira solo quién entra o quién sale, sino si esta vez habrá una hoja de ruta real o, como tantas otras veces, apenas un nuevo capítulo de improvisación.

Para el fútbol español, el caso Valencia sigue siendo una advertencia sobre lo que ocurre cuando la propiedad, la dirección deportiva y el área técnica operan sin estabilidad ni continuidad. Y para la ciudad, el impacto es aún más tangible: un club histórico que debería competir con ambición europea sigue peleando contra sí mismo. El próximo entrenador no solo heredará un banquillo; heredará una institución acostumbrada a cambiar de manos, de discursos y de prioridades demasiado rápido.

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