El Vaticano acelera su giro verde con una planta solar de casi 100 millones de euros

Imagen: El País
El Vaticano avanza hacia el autoabastecimiento energético con una gran planta solar en su territorio, un proyecto de casi 100 millones de euros impulsado por Francisco y ahora seguido por León XIV. La iniciativa busca convertir a la Santa Sede en un referente climático dentro de la Iglesia católica.
El Vaticano ha dado un paso político y simbólico de gran alcance: convertirá parte de su territorio en una gran planta solar para cubrir buena parte de su consumo eléctrico y reducir su dependencia de fuentes convencionales. El proyecto, que implica una inversión cercana a los 100 millones de euros, fue impulsado por el papa Francisco y seguirá bajo el pontificado de León XIV, que hereda así una de las apuestas ambientales más visibles de la Santa Sede en los últimos años.
Según informó El País, la iniciativa forma parte de una estrategia de autoabastecimiento energético que no se limita a un gesto ecológico, sino que busca ordenar las finanzas y la infraestructura del pequeño Estado. En términos prácticos, el plan apunta a aprovechar espacio disponible dentro del Vaticano para instalar capacidad solar suficiente como para cubrir una parte sustancial de su demanda eléctrica. No es un dato menor: en un enclave con alto consumo administrativo, religioso y diplomático, la energía también es una cuestión de soberanía y de coherencia institucional.
El trasfondo de esta decisión está en la línea marcada por Francisco durante su papado, cuando convirtió la crisis climática en un asunto moral para la Iglesia y no solo técnico. León XIV, al dar continuidad al proyecto, muestra que el giro verde del Vaticano no era una iniciativa decorativa ni una bandera pasajera, sino una política con vocación de permanencia. Eso importa más allá de las murallas vaticanas: en una época en la que muchas instituciones hablan de sostenibilidad pero pocas cambian su infraestructura, la Santa Sede intenta mandar una señal concreta al mundo católico y a los gobiernos que aún dudan en acelerar la transición energética.
La apuesta también tiene un valor de imagen internacional. El Vaticano lleva años intentando presentarse como una voz ética en el debate climático, y una planta solar de esta magnitud le da respaldo material a ese discurso. Para los fieles, el mensaje es claro: la doctrina ambiental ya no se limita a encíclicas y llamados morales, sino que se traduce en inversiones, obras y decisiones administrativas. En un momento en que la crisis climática golpea con más fuerza a los países pobres, la Santa Sede busca colocarse del lado de las soluciones, no solo del sermón.



