Puja por las presidencias del Congreso expone la fragilidad de la coalición de De La Espriella
Imagen: El Tiempo - Política
La elección de las presidencias del Congreso se convirtió en la primera gran prueba de fuego para la coalición que acompañará al presidente electo Abelardo De La Espriella. El pulso con el uribismo se resolverá el 20 de julio, por ahora, a voto limpio y con señales de fractura en el bloque oficialista.
La instalación del nuevo Congreso llegará con una tensión política que va mucho más allá de los cargos de protocolo: la disputa por las presidencias de Senado y Cámara se convirtió en el primer examen real de la coalición que respaldará al presidente electo Abelardo De La Espriella. En esa puja, el nombre de Álvaro Uribe vuelve a aparecer como factor de poder, esta vez no para gobernar desde la Casa de Nariño, sino para medir hasta dónde llega su capacidad de ordenar mayorías en el Legislativo.
Según informó El Tiempo - Política, el desenlace de esa pulseada está previsto para el 20 de julio y, por ahora, se resolverá a ‘voto limpio’, una expresión que en la práctica significa que cada bancada mostrará sus cartas sin que exista, al menos públicamente, un acuerdo cerrado. Eso deja ver una coalición todavía en construcción, con apoyos que parecen más tácticos que ideológicos, y con partidos que calculan qué tanto les conviene acompañar al nuevo gobierno en sus primeros meses o guardar independencia para negociar mejor después.
El trasfondo de esta disputa es claro: quien controle las mesas directivas del Congreso tendrá influencia sobre la agenda legislativa, el ritmo de los proyectos y el clima político con el que arrancará el mandato de De La Espriella. En Colombia, ese detalle no es menor. La historia reciente muestra que un gobierno que pierde orden en el Congreso desde el primer día termina pagando costos altos en reformas, gobernabilidad y capacidad de cumplir promesas. Por eso esta elección no es un trámite administrativo, sino una radiografía temprana de la fuerza real del presidente electo y de la cohesión de quienes dicen apoyarlo.
Lo que ocurra el 20 de julio también servirá para medir el verdadero peso del uribismo dentro del nuevo mapa político. Si la coalición se rompe o queda expuesta en esta votación, el mensaje será contundente: el gobierno entraría a la Casa de Nariño con más fragilidad de la que quiere admitir. Y si, por el contrario, logra cerrar filas, De La Espriella ganará oxígeno para arrancar con una bancada disciplinada. En cualquiera de los dos escenarios, el Congreso está enviando una señal temprana sobre el tipo de poder que se disputará en esta nueva etapa política del país.



