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Abelardo de la Espriella y la ola de la nueva derecha que sacude a Colombia

Hace 20 horas
Abelardo de la Espriella y la ola de la nueva derecha que sacude a Colombia

Imagen: infobae

La eventual candidatura de Abelardo de la Espriella se lee, según la politóloga Lina Álvarez, como parte de una ola global de derechas que capitaliza el enojo ciudadano. En Colombia, ese fenómeno puede reordenar la competencia de 2026 y empujar el debate hacia la seguridad, el orden y el castigo a las élites.

La figura de Abelardo de la Espriella no puede entenderse solo como una aspiración presidencial más dentro del ya congestionado tablero político colombiano. Según explicó Lina Álvarez, profesora asociada del Departamento de Ciencia Política y Estudios Globales de la Universidad de los Andes, su irrupción encaja en una tendencia mucho más amplia: la expansión de una nueva derecha que ha ganado terreno en distintos países apelando al hartazgo con la política tradicional, al discurso de mano dura y a una narrativa de confrontación permanente con sus adversarios. En un país donde la desconfianza institucional sigue siendo alta, ese mensaje encuentra un terreno fértil.

Lo relevante no es únicamente el estilo del precandidato, sino el tipo de emociones políticas que activa. De acuerdo con el análisis de Álvarez, esta derecha contemporánea se alimenta de la idea de que las élites han fallado, de que el Estado es demasiado débil para garantizar seguridad y de que el ciudadano común necesita un liderazgo que “ponga orden” sin matices. En esa lógica, figuras como De la Espriella no se presentan como administradores de gobierno, sino como outsiders con capacidad de romper el juego político. Ese recurso discursivo, que ya ha sido exitoso en otros escenarios, suele combinar un lenguaje simple, un uso intensivo de redes sociales y una estrategia de polarización que divide al electorado entre quienes se sienten defendidos y quienes terminan convertidos en el enemigo conveniente.

El fenómeno importa porque Colombia llega a la carrera de 2026 en medio de una fatiga acumulada con la clase política, una agenda pública dominada por la inseguridad, la crisis económica de los hogares y la sensación de que las promesas de cambio se quedan cortas frente a los problemas cotidianos. En ese contexto, la nueva derecha no solo compite por votos: compite por definir de qué se hablará en campaña. Si logra imponer temas como criminalidad, migración, autoridad y orden, puede arrinconar las discusiones sobre desigualdad, reforma social o fortalecimiento institucional. Y ese desplazamiento no es menor, porque suele beneficiar a candidatos que se mueven mejor en escenarios de confrontación que en debates programáticos de largo aliento.

También hay una lectura regional detrás de este caso. Lo que pasa en Colombia dialoga con lo que ya se ha visto en Estados Unidos, Europa y parte de América Latina: liderazgos que convierten el enojo en capital político y que ofrecen soluciones rápidas a problemas estructurales. La pregunta de fondo no es si esa fórmula puede crecer —ya demostró que sí—, sino qué costo tiene para la calidad democrática cuando el voto se organiza más alrededor del rechazo y del miedo que de un proyecto de país. En 2026, la campaña colombiana podría convertirse en una prueba decisiva de hasta dónde llega esa nueva derecha y de qué tan preparada está la sociedad para enfrentarla con argumentos, no solo con indignación.

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