Encuestas e inflación complican a Lula en la recta final en Brasil

Imagen: clarin colombia
La recta final de la campaña presidencial en Brasil se endurece para Lula: otra encuesta ubica a Flávio Bolsonaro arriba en segunda vuelta. A eso se suma una inflación que volvió a romper el techo del Banco Central y mete más presión sobre el bolsillo de los votantes.
La campaña presidencial en Brasil entró en su tramo más sensible con dos señales que complican al presidente Luiz Inácio Lula da Silva: un nuevo sondeo de Atlas y Bloomberg sitúa a Flávio Bolsonaro al frente en la segunda vuelta y, al mismo tiempo, la inflación volvió a superar el techo de tolerancia fijado por el Banco Central. A poco más de quince días de la votación, el clima político se mezcla con una tensión económica que suele castigar al oficialismo en las urnas.
Según informó Clarin Colombia, la encuesta de Atlas y Bloomberg reproduce la tendencia ya mostrada por Datafolha el jueves, en un escenario en el que el hijo del expresidente Jair Bolsonaro aparece mejor posicionado para una eventual definición. El dato no es menor: cuando una contienda entra en su fase decisiva, cada punto en intención de voto pesa más que el ruido de la campaña. Y si el adversario logra instalarse arriba en las mediciones, el mensaje para el electorado indeciso suele ser demoledor: la elección dejó de ser una hipótesis y pasó a ser una carrera real.
El otro frente que golpea a Lula es económico. La aceleración del costo de vida volvió a empujar la inflación por encima del límite que tolera la autoridad monetaria, lo que reaviva las dudas sobre el control del gasto, la disciplina fiscal y la capacidad del gobierno para defender el poder adquisitivo de los hogares. En Brasil, como en casi toda América Latina, la inflación no es una estadística abstracta: se traduce en alimentos más caros, transporte más costoso y una sensación de deterioro cotidiano que pesa especialmente sobre los sectores de ingresos medios y bajos. Esa combinación suele ser letal para cualquier administración que llegue a la elección con desgaste acumulado.
Lo que está en juego, entonces, no es solo una encuesta adversa ni un dato inflacionario aislado. Es la convergencia de dos variables que históricamente condicionan el voto: expectativa política y alivio económico. Si Lula no logra revertir esa doble presión en los próximos días, la recta final podría quedar marcada por una desventaja más profunda de lo que admiten en el Palacio de Planalto. Y en un país del tamaño e influencia de Brasil, un cambio de clima electoral no solo reordena el tablero interno: también altera el pulso regional.



