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Lula y Flávio Bolsonaro movilizan multitudes en el cierre de campaña

Hace 5 horas

Lula y Flávio Bolsonaro cierran sus campañas con grandes actos en Río de Janeiro y San Pablo, en una última ofensiva por seducir a los indecisos antes del balotaje presidencial. El pulso de este sábado refleja una elección marcada por la polarización y la presión sobre el voto decisivo.

Brasil entra en la recta final de su disputa presidencial con dos demostraciones de fuerza callejera que buscan inclinar a los votantes todavía indecisos. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro movilizaron este sábado a decenas de miles de simpatizantes en Río de Janeiro y San Pablo, en una jornada de cierre diseñada para dejar una imagen de potencia política antes del balotaje.

Según informó Clarín Colombia, ambos candidatos apostaron por actos masivos en las dos principales ciudades del país, conscientes de que el tramo final de una campaña cerrada suele definirse menos por los discursos de fondo que por la capacidad de mostrar músculo electoral. En ese escenario, la calle funciona como termómetro: mide entusiasmo, disciplina militante y, sobre todo, la posibilidad de convertir ese fervor en votos reales el día de la elección.

La estrategia no es casual. En una segunda vuelta, cuando el margen entre triunfo y derrota depende de pequeños movimientos del electorado, cada imagen de multitud pesa más que una consigna repetida en televisión. Lula intenta ampliar su base con el voto de rechazo al bolsonarismo y con sectores cansados de la confrontación política; Flávio Bolsonaro, por su parte, busca consolidar el núcleo duro que todavía sostiene el proyecto familiar y arrastrar a quienes dudan entre la continuidad y el cambio. El debate previo dejó poco espacio para sorpresas, así que el cierre en las calles termina siendo una disputa por percepción tanto como por convicción.

Lo que ocurra en estas horas importa más allá de Brasil. El resultado del balotaje no solo definirá la orientación política del país más grande de América del Sur, sino también el tono de su relación con la región, el mercado y la agenda ambiental. En una nación donde la polarización se volvió rutina, el último mensaje de campaña parece claro: nadie está dando por perdida la pelea por los votantes que todavía no se deciden.

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