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Cepeda eleva la tensión electoral y lleva a De la Espriella al terreno judicial

Hace 3 horas

Iván Cepeda presentó una denuncia contra Abelardo De la Espriella por presuntos nexos con paramilitares y delitos financieros, a menos de una semana de la segunda vuelta presidencial en Colombia. La movida agita la campaña y mete de lleno al debate de la seguridad y la violencia política.

A una semana de que Colombia defina su próximo presidente, la campaña dio un giro de alto voltaje: Iván Cepeda, candidato de centroizquierda, denunció a su rival Abelardo De la Espriella por presuntos vínculos con estructuras paramilitares y por posibles delitos de financiación del terrorismo y enriquecimiento ilícito. La acusación no solo endurece la pelea por la Casa de Nariño, sino que vuelve a poner sobre la mesa una de las heridas más sensibles de la política colombiana: la relación entre poder, dinero y violencia armada.

Según informó Clarín Colombia, Cepeda llevó su ofensiva al plano judicial en un momento en que la contienda entra en su fase más decisiva. El domingo 21 se enfrentarán en segunda vuelta dos figuras que representan proyectos políticos muy distintos, y la denuncia busca marcar una frontera moral y política en la campaña. En términos prácticos, el movimiento del candidato de centroizquierda intenta obligar a su adversario a responder por su pasado y por las sombras que rodean a sectores de la derecha populista, en una elección donde la credibilidad puede pesar tanto como las propuestas económicas.

El trasfondo importa porque en Colombia el debate sobre paramilitarismo no es una consigna vacía ni un insulto de campaña. Durante décadas, ese fenómeno dejó miles de muertos, desplazamientos forzados y una profunda desconfianza hacia las élites que, de una u otra forma, aparecieron conectadas con redes de financiación ilegal, control territorial y presión armada. Por eso, cuando un candidato acusa a otro de tener nexos con esas estructuras, no está lanzando solo un golpe electoral: está activando memorias judiciales, políticas y sociales que siguen abiertas. Si la denuncia avanza, el caso podría convertirse en un factor de desgaste para De la Espriella y también en una prueba para Cepeda, que deberá sostener sus señalamientos con elementos sólidos para no quedar atrapado en la lógica de la campaña sucia.

Más allá de quién gane el balotaje, el episodio confirma que la elección colombiana está atravesada por una pregunta de fondo: qué tan lejos está dispuesta a llegar la política para deslegitimar al adversario y cuánto pesan todavía los fantasmas de la violencia en la competencia democrática. Para el votante de a pie, lo que está en juego no es solo un cambio de gobierno, sino la capacidad del país para discutir su futuro sin repetir los patrones de sospecha, intimidación y polarización que han marcado su historia reciente.

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