Colombia

Uribe se mueve en la campaña mientras Colombia define la pelea por seguridad y salud

Hace 2 horas

La campaña presidencial de 2026 en Colombia ya se está definiendo alrededor de los temas que más golpean al país: seguridad, paz total, narcotráfico, corrupción y salud. La llamada de Álvaro Uribe a Abelardo de la Espriella muestra que la disputa no solo es electoral, sino también sobre el rumbo del Estado.

La conversación entre Álvaro Uribe y el candidato Abelardo de la Espriella pone en evidencia algo más grande que una simple llamada política: la campaña presidencial de 2026 en Colombia ya empezó a ordenarse alrededor de los temas que más sensibilidad generan en el país. Según informó infobae Colombia, los puntos que concentran las mayores diferencias entre los proyectos en disputa son la paz total, la seguridad, la lucha contra las drogas, la corrupción y el futuro del sistema de salud. En otras palabras, la contienda no gira únicamente sobre nombres o alianzas, sino sobre qué tipo de Estado quiere ofrecer respuestas en medio del desgaste institucional y la presión social acumulada en los últimos años.

La llamada entre Uribe y de la Espriella, en ese contexto, tiene una lectura política evidente: el exmandatario sigue siendo una figura capaz de influir en la conversación de la derecha, mientras distintos aspirantes buscan posicionarse en un escenario que todavía no termina de cerrarse. De acuerdo con lo que ha trascendido en la cobertura de infobae Colombia, esos intercambios se dan en medio de una campaña donde la seguridad vuelve a ocupar el centro del debate, no solo por la violencia en regiones históricamente golpeadas por grupos armados, sino también por la percepción de que el control territorial, la extorsión y las economías ilegales siguen condicionando la vida cotidiana de millones de colombianos. A eso se suma la discusión sobre la paz total, una apuesta que para unos es una salida política necesaria y para otros un esquema que, en la práctica, ha dejado demasiadas dudas sobre sus resultados.

Ese choque de visiones importa porque cada uno de esos temas toca problemas concretos de la ciudadanía. La lucha contra las drogas no es solo una discusión internacional o diplomática: define la seguridad rural, la supervivencia de comunidades campesinas y la capacidad real del Estado para disputar el territorio a los actores criminales. La corrupción, por su parte, sigue siendo el gran impuesto invisible que pagan los colombianos cada vez que un contrato se pierde, una obra se retrasa o un programa social no llega a tiempo. Y el sistema de salud, que aparece como uno de los debates más delicados de la campaña, tiene efectos inmediatos sobre la vida de la gente: acceso a medicamentos, atención oportuna y estabilidad financiera para millones de familias que ya sienten la crisis en trámites, demoras y barreras de atención. Por eso, la elección que se aproxima no se resolverá solo con discursos fuertes, sino con la capacidad de cada candidato para convencer de que puede gobernar un país cansado de promesas y urgido de resultados.

Lo que viene, entonces, no es una campaña convencional, sino una disputa por el relato del orden, la protección y la eficiencia estatal. Si el debate se mantiene en estos cinco frentes, los votantes terminarán comparando no solo propuestas, sino prioridades: quién promete más control, quién ofrece más diálogo, quién entiende mejor la crisis de salud y quién tiene un plan creíble para frenar la expansión de las economías ilegales. En esa pelea, figuras como Uribe siguen moviendo piezas y marcando agenda, pero el desenlace dependerá de algo más complejo: si los aspirantes logran traducir posiciones ideológicas en soluciones que parezcan viables para un país que ya ha oído demasiadas veces las mismas promesas.

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