Dos niñas le pidieron una casa a Abelardo De La Espriella tras el terremoto en Cali
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Dos niñas de Cali sorprendieron al presidente Abelardo De La Espriella al pedirle una casa tras el terremoto, en medio del impacto que dejó la tragedia del 10 de agosto. Una de ellas es hija de un bombero que participó en los rescates en Torres del Limonar.
La escena ocurrió en Cali y condensó, en pocos segundos, el peso humano de la tragedia del 10 de agosto: dos niñas se acercaron al presidente Abelardo De La Espriella para pedirle una casa, una petición que revela hasta qué punto el terremoto golpeó no solo la infraestructura, sino la vida cotidiana de familias enteras. El gesto, relatado por El Tiempo (Colombia), dejó al descubierto una realidad que suele quedar fuera de los discursos oficiales: detrás de cada cifra de damnificados hay niños que entienden, a su manera, que su hogar ya no es seguro o dejó de existir.
De acuerdo con la información conocida, una de las menores es hija de un bombero que participó en las labores de rescate de víctimas en Torres del Limonar, en el sur de Cali, uno de los puntos más afectados por la emergencia. Ese dato no es menor. Habla de una ciudad donde los propios equipos de socorro también cargan con las heridas de la catástrofe, mientras intentan salvar a otros. La emoción fue tal que, según la versión difundida por El Tiempo (Colombia), la petición tomó por sorpresa al mandatario y se convirtió en uno de los momentos más comentados tras su visita.
Más allá de la anécdota, el episodio pone en primer plano la dimensión social del desastre. En Colombia, las emergencias naturales suelen exponer la fragilidad de la respuesta estatal: viviendas vulnerables, familias sin ahorros para reconstruir, y menores que terminan verbalizando necesidades urgentes que los adultos apenas pueden sostener. Por eso importa esta escena. Porque una solicitud de vivienda hecha por dos niñas no es una curiosidad periodística, sino una señal de que la recuperación no se mide solo en obras o ayudas prometidas, sino en la capacidad real de devolver seguridad a quienes lo perdieron todo.
Si algo deja este episodio es una imagen incómoda pero necesaria: en medio del protocolo, la política y los anuncios, fueron dos niñas las que pusieron en palabras la urgencia más básica. Tener un techo. Y en una ciudad que todavía procesa las consecuencias del terremoto, esa sigue siendo la demanda más elemental y más difícil de cumplir.



