Colombia

ELN dice que hablaría de paz con cualquiera y desafía la presión militar si gana la derecha

Hace 2 horas

El ELN volvió a mover el tablero político al decir que está dispuesto a hablar de paz con Abelardo de la Espriella o con Iván Cepeda. Alias Yerson aseguró además que ni más operaciones estatales ni un eventual giro a la derecha harían desaparecer a la guerrilla.

La señal del ELN llegó en un momento especialmente sensible para la política colombiana: el grupo armado aseguró que está dispuesto a sentarse a hablar de paz tanto con Abelardo de la Espriella como con Iván Cepeda, en un mensaje que mezcla cálculo político, provocación y una lectura fría del escenario electoral. Según informó Infobae Colombia, alias Yerson, señalado como jefe del frente occidental, fue más allá al advertir que la organización no se desintegrará aunque el Estado intensifique las operaciones contra sus estructuras si un aspirante de derecha termina en la Casa de Nariño.

Lo que está en juego no es solo una frase lanzada para captar titulares. El ELN vuelve a colocar en el centro la discusión sobre quién tendría margen real para reactivar o redefinir una negociación de paz, en un país donde cualquier diálogo con esa guerrilla arrastra desconfianza por los repetidos fracasos, la persistencia de los secuestros, el control territorial en varias regiones y la capacidad del grupo para sobrevivir a la ofensiva militar. Que el mensaje apunte a dos figuras ubicadas en extremos políticos distintos revela algo más profundo: la guerrilla intenta dejar claro que no espera un triunfo ideológico, sino una correlación de fuerzas que le permita seguir existiendo como actor armado y negociador.

Este tipo de declaraciones importa porque anticipa el debate que Colombia no ha terminado de resolver: si la paz con los grupos armados depende de la voluntad de un gobierno específico o de una estrategia de Estado que trascienda a los candidatos. En la práctica, un eventual cambio hacia una línea más dura frente al ELN podría elevar la presión militar en zonas donde la población civil ya vive entre extorsiones, desplazamientos y disputas por corredores estratégicos. Pero también es cierto que la historia reciente muestra que la vía puramente coercitiva no ha logrado desmontar por completo a esta organización, que se adapta, se fragmenta y se reacomoda sobre el terreno cuando siente presión.

Por eso, el valor político del mensaje no está solo en a quién mencionó la guerrilla, sino en lo que sugiere sobre el momento actual: el ELN quiere seguir siendo interlocutor, aun cuando su legitimidad está golpeada y su margen social parece cada vez más estrecho. La pregunta de fondo es si el próximo gobierno, sea de derecha, de centro o de izquierda, encontrará una fórmula distinta para evitar que el país siga repitiendo el mismo ciclo: negociación, ruptura, ofensiva militar y regreso a la violencia en los territorios donde la guerra nunca ha dejado de estar presente.

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