Colombia

ELN confirma secuestro de tres policías y una civil en la vía Ocaña-Cúcuta

Hace 1 hora

El ELN confirmó que tiene en su poder a tres policías de la Dijín y a una civil secuestrados en la vía Ocaña-Cúcuta. La entrega de pruebas de supervivencia eleva la presión sobre el Gobierno en una de las rutas más golpeadas por el conflicto en Norte de Santander.

El ELN confirmó que mantiene secuestrados a tres integrantes de la Dijín y a una civil que fueron retenidos el 17 de agosto de 2026 en la vía Ocaña-Cúcuta, en Norte de Santander. La noticia, que golpea de nuevo a una de las carreteras más sensibles del nororiente colombiano, agrava la sensación de inseguridad en una región donde la presencia de grupos armados sigue marcando el ritmo de la vida cotidiana.

Según informó infobae colombia, el grupo armado entregó pruebas de supervivencia de los tres policías, una señal que suele aparecer cuando una organización ilegal busca enviar mensajes políticos, abrir canales de presión o desmentir rumores sobre el estado de los retenidos. Junto a los uniformados también fue secuestrada una mujer identificada como Angie Jácome, cuyo paradero sigue siendo motivo de preocupación para las autoridades y para la población civil de la zona. Hasta ahora, no se conocen detalles públicos sobre las condiciones en las que fueron retenidos ni sobre el lugar exacto donde permanecen.

El caso pone de nuevo bajo la lupa la fragilidad de la seguridad en Norte de Santander, un departamento estratégico por su ubicación fronteriza y por la disputa persistente entre estructuras armadas ilegales que buscan controlar corredores para movilidad, extorsión, narcotráfico y presión territorial. La vía Ocaña-Cúcuta no es cualquier carretera: es una ruta clave para el comercio, el transporte de pasajeros y el tránsito diario de familias que dependen de ese eje para trabajar, estudiar o acceder a servicios básicos. Cuando un secuestro ocurre allí, el impacto no se limita a las víctimas directas; también se instala el miedo entre quienes viven o transitan por el corredor.

La confirmación del ELN obliga además a mirar el problema más allá del hecho puntual. En Colombia, el secuestro sigue siendo una herramienta de intimidación y negociación en manos de grupos que combinan control territorial con mensajes de poder. Para el Gobierno, estos casos son un recordatorio incómodo de que la política de seguridad en las regiones no puede depender solo de operativos aislados: requiere presencia estatal sostenida, inteligencia efectiva y protección real para civiles y uniformados. Para las familias de las víctimas, en cambio, todo se reduce a una espera angustiosa que cada hora vuelve más urgente una respuesta concreta.

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