Trump activa su vía diplomática sobre Ucrania con llamadas a Putin y Zelenski

Imagen: infobae mundo
En su cumpleaños, Donald Trump volvió a poner la guerra en Ucrania en el centro de su agenda tras hablar con Vladimir Putin y Volodímir Zelenski. La Casa Blanca mueve piezas diplomáticas con una próxima visita de Steve Witkoff y Jared Kushner a Moscú, mientras se prepara un encuentro con Kiev en el G7.
Donald Trump convirtió su cumpleaños en una nueva jornada de diplomacia de alto voltaje: habló por separado con Vladimir Putin y Volodímir Zelenski y dejó en marcha una señal clara de que quiere volver a intervenir en el tablero de la guerra en Ucrania. Según informó infobae mundo, el presidente de Estados Unidos y el jefe del Kremlin acordaron que sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner viajarán a Moscú “próximamente”, mientras el republicano prevé reunirse esta semana con el mandatario ucraniano en el marco del G7. El mensaje es inequívoco: Trump está intentando abrir un canal propio, con interlocutores de su confianza, para explorar una salida política a un conflicto que ya desgastó a Europa, tensó a Washington y redefinió la seguridad global.
El dato político relevante no es solo que haya hablado con ambos líderes, sino el momento y la arquitectura de esas conversaciones. Trump pone en marcha una combinación poco habitual: comunicación directa con el Kremlin, un acercamiento simultáneo con Kiev y una delegación integrada por figuras cercanas para sostener la negociación. Witkoff y Kushner, ambos hombres de su entorno, se convierten así en piezas clave de una estrategia que busca acelerar contactos y, al mismo tiempo, controlar el mensaje desde la Casa Blanca. En términos prácticos, esto significa que Estados Unidos intenta recuperar protagonismo en un conflicto donde las negociaciones han estado marcadas por avances intermitentes, desconfianza mutua y una guerra de desgaste que sigue cobrando costos militares, económicos y humanitarios.
Lo que está en juego va mucho más allá de una ronda de llamadas. Para Ucrania, cualquier acercamiento de Washington a Moscú despierta una mezcla de expectativa y cautela: por un lado, una eventual vía negociada podría frenar la destrucción y aliviar la presión sobre el frente; por el otro, Kiev teme que una negociación acelerada termine premiando al agresor o imponiendo concesiones difíciles de aceptar. Para Rusia, en cambio, este movimiento abre la posibilidad de testear hasta dónde está dispuesto a llegar Trump y si su estilo transaccional puede traducirse en una fórmula de salida que el Kremlin considere útil. Y para Estados Unidos, el asunto también tiene un costo interno: Trump busca mostrar liderazgo y capacidad de cerrar conflictos, pero cualquier paso en falso podría generar críticas tanto entre aliados europeos como dentro del propio debate político estadounidense, donde la ayuda a Ucrania sigue siendo un tema altamente polarizado.
La reunión prevista con Zelenski en el G7 será, en ese sentido, una prueba importante. Allí se verá si Trump está construyendo una iniciativa seria de negociación o simplemente un gesto de impacto político en plena escena internacional. En una guerra que ha reconfigurado el mapa de alianzas, cada conversación entre Washington, Moscú y Kiev importa porque puede mover expectativas, mercados, apoyos militares y cálculos electorales. Y aunque todavía no hay señales de un acuerdo en el horizonte, la secuencia de llamadas y visitas anunciadas sugiere que el conflicto entra en una nueva fase: la de los intentos por forzar una salida política mientras en el terreno sigue mandando la lógica de la guerra.



