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Human Rights Watch ve una pausa represiva en Venezuela, pero alerta de una transición frágil

Hace 5 horas
Human Rights Watch ve una pausa represiva en Venezuela, pero alerta de una transición frágil

Imagen: BBC Mundo

Human Rights Watch advierte que en Venezuela hay una pausa en la represión, pero no un cambio de fondo. Para Juanita Goebertus, la transición sigue siendo extremadamente frágil y depende de una pulseada interna dentro del poder.

En Venezuela hay señales de una pausa en la maquinaria represiva, pero todavía no puede hablarse de una salida firme del autoritarismo. Así lo plantea Juanita Goebertus, directora de la División de las Américas de Human Rights Watch, quien reconoce un repliegue momentáneo en la persecución política, aunque insiste en que la transición sigue colgada de un hilo y expuesta a retrocesos en cualquier momento.

La advertencia no es menor: Goebertus sostiene que dentro del propio poder venezolano conviven dos pulsos distintos, uno que ve inevitable algún nivel de apertura política y otro que apuesta por prolongar el modelo represivo que ha marcado los últimos años. Esa tensión interna, según su lectura, explica por qué pueden observarse gestos de flexibilización sin que eso signifique un cambio real en la lógica de control sobre la oposición, la prensa, la sociedad civil y el disenso. En otras palabras, la represión puede bajar de intensidad sin desaparecer la estructura que la hace posible.

Ese matiz importa porque Venezuela lleva años atrapada en un cierre político que no solo ha vaciado las instituciones, sino que también ha empujado a millones de personas a la emigración y ha convertido el ejercicio de derechos básicos en una actividad de alto riesgo. Una pausa en la represión puede abrir espacio para negociar, reorganizar oposición o aliviar presiones internacionales, pero también puede funcionar como maniobra táctica para ganar tiempo, dividir a adversarios y recomponer apoyos internos. Por eso Human Rights Watch insiste en que no basta con medir el clima político por episodios aislados: lo decisivo es si hay garantías verificables para competir, expresarse y disentir sin represalias.

El punto de fondo es que la crisis venezolana no se resuelve solo con un gesto de distensión ni con la expectativa de una transición automática. Lo que está en juego es si el país avanza hacia una apertura real o si la supuesta calma actual termina siendo apenas una pausa operativa dentro de un sistema que conserva intactos sus mecanismos de presión. Para los venezolanos, y también para la región, la diferencia es enorme: entre un proceso de democratización con reglas mínimas y una continuidad autoritaria maquillada de alivio temporal.

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