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Narcomanta en Culiacán exhibe la guerra interna del Cártel de Sinaloa

Hace 1 hora
Narcomanta en Culiacán exhibe la guerra interna del Cártel de Sinaloa

Imagen: infobae

Una narcomanta atribuida a Iván Archivaldo Guzmán volvió a exhibir la disputa entre Los Chapitos y Los Mayos en Culiacán, con un mensaje dirigido incluso a mandos de la Defensa. El episodio confirma que la guerra interna del Cártel de Sinaloa sigue marcando la seguridad en México.

Culiacán volvió a ser escenario de un mensaje que expone, con brutal claridad, el nivel de descomposición criminal que vive Sinaloa: una narcomanta atribuida a Iván Archivaldo Guzmán pidió a un mando de la Defensa que actúe contra Los Mayos. El hecho no solo confirma la persistencia de la guerra interna dentro del Cártel de Sinaloa, sino que también deja ver cómo los grupos criminales siguen usando la vía pública para mandar advertencias, marcar territorio y exhibir poder frente a autoridades y rivales.

De acuerdo con lo reportado por Infobae, el mensaje apareció en medio de una jornada en la que la violencia ligada al narcotráfico volvió a ocupar el centro de la agenda informativa en México. La referencia directa a un integrante de la estructura de Defensa llama la atención porque muestra una mezcla peligrosa entre presión criminal, desafío institucional y disputa armada por el control de plazas estratégicas. En la práctica, este tipo de actos funciona como una operación de propaganda del crimen organizado: buscan intimidar, influir en el entorno y enviar una señal a la población de que la calle sigue siendo un terreno disputado.

El trasfondo importa porque Culiacán no es cualquier punto del mapa. Es una ciudad que desde hace años carga con el peso de la fragmentación del Cártel de Sinaloa, una organización que dejó de operar como bloque monolítico para convertirse en un mosaico de facciones en choque permanente. La pugna entre Los Chapitos y Los Mayos ha elevado el riesgo para civiles, debilitado la percepción de control estatal y obligado a la autoridad a responder en un entorno donde cada operativo, cada hallazgo y cada mensaje amenazante alimentan el ciclo de violencia. Por eso estas mantas no deben leerse como anécdotas aisladas: son síntomas de una disputa que tiene consecuencias concretas en extorsiones, desplazamiento, miedo cotidiano y cierre de actividades económicas.

Lo ocurrido también plantea una pregunta incómoda para el gobierno mexicano: hasta qué punto la respuesta de seguridad está logrando contener el problema y no simplemente administrarlo. Mientras las facciones criminales sigan disputando rutas, negocios y zonas urbanas con capacidad de comunicación pública, la población seguirá atrapada entre balaceras, amenazas y una normalización de la violencia que erosiona la vida diaria. En Sinaloa, como en otras regiones del país, el mensaje de fondo es el mismo: el crimen organizado no solo pelea con armas, también pelea por la narrativa del control.

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